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Hace exactamente 80 años el barrio El Golf fue condenado al futuro. Ocurrió en 1937 cuando el arquitecto Eduardo Llewellyn Jones diseñó la urbanización de este barrio con el objetivo de albergar a la nueva aristocracia capitalina, que iniciaba su retirada de sus lujosos palacios ubicados en los barrios del centro de la ciudad —Brasil, Dieciocho y República— en busca de más espacio, menos ruido y menos congestión. Se trataba de una zona más cercana a las montañas, de vida campestre, en donde se combinaba la vida al aire libre, los deportes, las costumbres francesas e inglesas en un nuevo concepto de vida.

Si quieres comprar o simplemente visitar algunas de las tiendas más exclusivas de Santiago, un paseo por la calle Isidora Goyenechea es altamente recomendable. Las tiendas de firmas internacionales se levantan imponentes junto a sus competidoras chilenas. En esta calle la empresaria turca Sarika Rodrik, comenzó a erigir su imperio del lujo y hacer de su nombre una marca asociada a la exclusividad y el glamour. Si de diseño se trata, Interdesign es el primer showroom de mobiliario e iluminación de la capital y es un referente del diseño clásico y contemporáneo. A pasos de ahí, Enrique Concha & Co ofrece una selección de elegantes muebles, objetos y obras de arte.

“Isidora” es también la calle que concentra la mayor cantidad de restaurantes del barrio. Los hay de todos los estilos y especialidades. Entre ellos La Confitería Torres, el restaurante con aires republicanos que vio nacer el Barros Luco o Coquinaria, ubicado en el subsuelo del hotel W. Los más bohemios acuden a El Cafetín que mezcla actividades de arte, música y literatura. La lista es larga y continúa por calles aledañas, pasajes y galerías.

Isidora es también una buena calle para contemplar la vida citadina sentado. Así es, en el barrio hay por lo menos ochenta bancas pintadas por artistas y grafiteros que están repartidas en la calle, cercanas a la coqueta Plaza Perú, considerada como el corazón del barrio y convertida en un punto de encuentro para ejecutivos, residentes y familias.

Pero El Golf no solo ofrece comercio, sino que también cultura y espacios para el arte, como la Sala de Arte Las Condes, un espacio de 500 metros cuadrados ubicado a la salida de la estación de metro, inmediato a la Municipalidad de la comuna.

Es casi imposible dar un paso sin encontrarse con alguna joyita, como la sencilla iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, que desde sus inicios ha estado a cargo de los asuncionistas. Puede pasar inadvertida desde fuera, pero sólo hay que atravesar su puerta para encontrarse con famosos óleos pintados por fray Pedro Subercaseaux que adornan sus paredes. Hacia el norte se encuentra el acceso a uno de los clubes de golf más exclusivos del país, y que da origen al nombre de este barrio: el Club de Golf Los Leones. Con socios como las familias Matte, Cruzat, Cousiño, Agelini y otros prominentes abogados y hombres de negocio, acaba de conseguir los permisos para levantar un proyecto hotelero y un centro de convenciones.

Aunque siempre es subjetivo establecer una escala de valores, el barrio El Golf puede hacer gala y jactarse tanto por su pasado como por su presente. Tanto es así, que bien vale la pena recorrerlo las veces que se quiera, de día y de noche, en días festivos y feriados. Solo o con amigos. El Golf siempre será un buen panorama. (E)

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