¿Por qué?
–Como dijo el arzobispo de Valladolid: ¡por joder!
Recuerdo que lo llamé a casa de su madre y accedió de inmediato a conversar con Enfoque: "Juntémonos en 3 días, a las 12, donde siempre", me dijo. ¿Dónde es donde siempre?, le pregunté. "En el Bar El Parrón" (hoy tampoco existe). Allí, en Providencia, compartimos el aperitivo del mediodía durante un par de horas, y pasamos amenamente de un tema a otro, aunque a menudo recordaba que tenía invitados a almorzar a casa. "Tengo que preparar el curanto", decía, rememorando sus orígenes chilotes.
Raúl Ruiz no tenía recuerdos de su infancia en Puerto Montt, donde nació en 1941 y vivió hasta los tres años. "La familia de mi padre es de Chiloé, la de mi madre de Mulchén", nos contó. Pero cuando pensaba en la ciudad aparecía la lluvia. Y no le agradaba. "Viví en Chiloé y era la lluvia. Ahora es París, que está, proporcionalmente, a la altura de Puerto Montt y llueve casi todos los días". Y recordaba que "Hubo chilotes que pelearon junto con mapuches por los realistas en Maipú, en Cancha Rayada, en Rancagua. Pero en la estructura del imperio español Chiloé pertenecía a Perú, al Virreynato, y no a Chile. Edwards Bello escribió mucho acerca de ello".
Raúl Ruiz vivía en el París popular, en Once, Belleville, donde nacieron artistas como Edith Piaf y Maurice Chevalier: "Es una zona de inmigrantes, muchos del Magreb. Uno de los pocos sitios donde árabes y judíos se entienden muy bien: hacen negocios entre ellos. También hay chinos y latinoamericanos". Apreciaba su barrio tranquilo, "si bien los franceses siempre están en la calle. Son bien levantiscos. El general De Gaulle decía que su pueblo no sabía hacer reformas sino que se limita, cada tanto, a hacer una revolución".
¿No le quemaron el auto los estudiantes con los disturbios?
– No. Eso fue en la periferia, en los arrabales. Mi barrio es tranquilo.
Los franceses siempre están en la calle.
– Los franceses son bien levantiscos. El general De Gaulle decía que su pueblo no sabía hacer reformas sino que se limita de cuando en vez a hacer una revolución.
¿Cree en la teoría del choque de civilizaciones, el Cristianismo versus el Islam?
– El mundo musulmán quiere una guerra que va a perder. Pero, como dijo un poeta tunecino, eso no es el Islam sino una enfermedad del Islam. Y al mundo occidental de cristiano le queda poco. Yo de repente me siento más cerca de los masones en términos de su equilibrio que combina el servicio público, la honestidad y el sacrificio por la comunidad.
Le gustan los bares.
– En París voy siempre con mis amigos franceses o árabes a los bares del barrio porque operan como un sistema de interacciones que te conectan con el resto del mundo.
En Chile los estudiantes se tomaron las calles.
– No sólo las calles. Vi muchas botellas de pisco a sus pies.
En una entrevista se lamentaba porque el capitalismo se ha extendido a la cultura. Le pregunto si no es inevitable.
– Si así fuera estaría en todas partes del mundo y no es así. De hecho en Europa la cultura está bastante desligada de las leyes del mercado, y tiende a acentuarse. En Francia —así como en Alemania, por ejemplo— la cultura forma parte del Ministerio de Defensa. Es tan importante como el sistema de misiles. En Chile desde hace años veo una actitud que ya no es indiferencia sino muchas veces anticultural directamente. Se ve la cultura como un peligro. Y tengo la impresión de que esto viene desde antes de la Independencia. Están esos viejos dichos españoles: “El que sabe leer y escribir tiene que ser judío”, “El que trabaja con las manos tiene que ser árabe”.
"En Chile desde hace años veo una actitud que ya no es indiferencia sino muchas veces anticultural directamente. Se ve la cultura como un peligro".
Ruiz reflexiona con lucidez e ironía acerca de Chile: posee una visión que objetiva la distancia pero no se desprende de la mirada que nutre cierta nostalgia y los afectos locales. Está en el país para el estreno de la obra teatral "Infamante Electra", de Benjamín Galemiri, que dirige. También aprovecha de dar la primera mirada a los decorados de su próxima película acerca de Gabriela Mistral, que grabará aquí y que interpretarán Leonor Varela y la mexicana Angélica Aragón.
– Gabriela Mistral es un personaje muy misterioso, no se sabe casi nada de ella.
Hay un buen libro de Volodia Teitelboim.
– Pero rondan muchas hipótesis.
Aquí no es muy reconocida.
– Es una figura más latinoamericana que chilena. Significa más en México, en Colombia. Además, posee esa particularidad que es tanto profesora como poetisa. Es difícil decir cuál es su vocación más propia, si el magisterio o la poesía. Están muy entremezclados. Yo la conozco desde hace muchos años, me sé todas las hipótesis, todos los chismes. Pero ella se escondía mucho, a pesar de que era muy sociable y escribió muchas cartas. Pero siempre se guardó algo: el lado difícil, el lado enigmático. Además su poesía no infantil es difícil de entender.
¿De qué hablan los franceses cuando hablan de Chile?
– Allende, Neruda, que tenía reputación de mal poeta porque era comunista, pues existe el prejuicio de que siempre el PC promueve mucho a su gente, aunque sea relativamente mediocre. No conozco a nadie que haya mencionado a Lagos. A Bachelet sí porque es un nombre francés, es mujer, es Presidenta. También Chile es bastante conocido por el vino, lo que no es poco decir porque los franceses son especialistas.
¿Les gusta el vino chileno?
– Lo aceptan.
¿Y a usted?
– Es el único líquido del que se puede tomar hasta cinco litros al día y no morir. Mi preferido es la cepa Bordeaux, de la de antes, de la casa Puillac.
¿Hizo la paz con Chile?
– A todos nos toca envejecer y cada cual se va acercando poco a poco a la Avenida La Paz.
¿Prefiere que lo entierren en Chile?
– He pensado casi lo contrario: si me muero en Francia, quiero que me traigan para Chile; si me muero acá, que me lleven para allá.
¿Por qué?
– Como dijo el arzobispo de Valladolid: ¡por joder!
¿Lo jode que Chile sea tan pacato?
– Chile es muy beato pero más que por la influencia de la Iglesia es por la caída del Muro de Berlín, es decir por la pérdida de las convicciones laicas, por la invasión de todo tipo de espiritualidades –muy respetables– y por el hecho de que cada vez una buena parte de la ciencia le está dando la razón a ciertos aspectos del espiritualismo.
¿Por qué estudió Teología?
– Por pura perversión.
¿Qué aprendió?
– Que el Cristianismo es igual que el resto de las ideologías. Si a la encíclica de Pío XII Miranda Prorsus (acerca de la función social del arte) le quitas la palabra “Dios” y pones “el partido” queda igual al documento del XIX Congreso del Partido Comunista.
"Chile es muy beato pero más que por la influencia de la Iglesia es por la caída del Muro de Berlín, es decir por la pérdida de las convicciones laicas".
¿Qué opina del neo populismo que se hace llamar “nueva izquierda” o Bolivarismo en Latinoamérica?
– El problema de siempre: el populismo latinoamericano es equidistante de Carlos Marx y de Benito Mussolini.
¿Es facistoide dice usted?
– Tiene un componente nacionalista basado en el rencor, lo que se llamaba a principios del siglo XX “la ética del resentimiento”.
Algunos sostienen que la izquierda que gobierna Chile es distinta, que se parece, por ejemplo, a la de Anthony Blair. ¿Es motivo de orgullo para usted?
– Para mí no tanto. Yo diría que las medidas que están tomando aquí, y que tomó Lagos, si las impusieran en Francia incendian París. Son muy liberales. En Francia hay una mezcla de dirigismo con liberalismo. Por ejemplo, las empresas del Estado son más dinámicas, más audaces y más exitosas que las privadas, que no se atreven a nada. Un empresario chileno dijo que sus pares franceses son unos maricones, en el sentido de cobardes, y el Estado audaz. En Francia los funcionarios públicos mueven capitales gigantescos y tienen un sueldo normal, que rara vez supera el equivalente al millón de pesos. Yo —cuando el Estado era fuerte— en Francia negocié fondos públicos para mis películas tomándome un café con el encargado público en el local de la esquina. En cambio con empresas privadas ese mismo trabajo lo hacen 25 personas, con un papeleo… La administración se come una cantidad importante del presupuesto, entre 30 y 40 por ciento. Y en Estados Unidos no es mucho mejor. Hice una película de ocho millones de dólares, digamos siete porque un millón no se sabe dónde fue; digamos seis porque un millón se fue en contabilidad y otro en coimas porque se filmó en Jamaica y para que la administración funcione hay que aceitar a todo el mundo. Y otro tanto se va en transporte innecesario, por ejemplo seis choferes para invitados. No sigo, puedo estar creando un incidente diplomático.
¿En Chile eso no pasa?
– No hay industria cinematográfica; hay esfuerzos, por el momento. Tanto mejor. Pero tengo que decir que aquí de repente se parece a Francia: fui a sacar pasaporte al Registro Civil, tomé mi número, el 36, y atendían al 6. Me dije “hoy no alcanzo”. A los 40 minutos estaba listo. Después fui al Citibank: una pesadilla, colas interminables, papeleo infernal. Me llamó mucho la atención.
¿Cuánto costará la película sobre Gabriela Mistral?
– Dos millones de dólares. La producción es norteamericana.
O sea se puede ir harta plata en lo que me dice.
– No porque en cualquier parte del mundo es poca plata pero en Chile dos millones de dólares es harta.
¿Sobre qué haría una película en Chile hoy?
– Sobre varias novelas de Alberto Blest Gana, una miniserie del siglo XIX a través de su visión laica. No hay nada más actual que Blest Gana en el siglo XIX. A pesar que algunos lo consideran una especie de plagiario de Balzac, Blest Gana dio en el clavo en muchos aspectos de la mentalidad chilena, tal como es ahora.
“Tres tristes tigres” la dedicó a Colo-Colo, Nicanor Parra y Joaquín Edwards Bello. Todavía soy hincha de ellos.
¿Cómo se informa de lo que sucede acá?
– Llamó a mi mamá por teléfono, que con 95 años todavía tiene idea de lo que pasa.
EL CINE: LA IMPORTANCIA DE LOS QUE CUENTAN
Ruiz viene ganando premios desde 1969 y desde el Festival de Locarno hasta Berlín.
¿Por qué cree que a la crítica le gustan sus películas?
– Porque pasan cosas inesperadas.
A fines de los sesenta se obsesionaba con fotografiar el lenguaje. ¿Ya no?
– En Francia es menos fotografiable porque la gente habla de una manera muy articulada, entonces el lenguaje se hace invisible o al menos transparente, sobre todo el discurso explícito. En Chile y en buena parte de Latinoamericana tienen un discurso implícito muy fuerte: dicen una cosa por otra. El castellano de Chile es inverterbrado. Decía Roberto Matta que es un castellano pasado por la juguera: una colección de vocales, con consonantes muy suaves.
¿Se dio cuenta cuando se fue al extranjero?
– En Chile me gustaba esa desarticulación del lenguaje, esa forma de comunicarse más por el sonido que por las cosas que se dicen. Por ejemplo, se insultan por el tono y no por las palabras.
¿En qué filme fotografió el lenguaje?
– En “Tres tristes tigres” (1968, su primer largo), y en las primeras películas que hice en Francia en castellano. Y allí he hecho algunas haciendo que ciertos actores hagan ruidos que no pertenecen a la música verbal francesa.
¿De qué obra se siente más orgulloso?
– Siempre de la última.
Hay una película mítica por la cual usted entró al olimpo de la crítica francesa, la revista Cahiers du Cinéma. Pero no conozco a nadie que haya visto “La hipótesis del cuadro robado” (1978).
– El Instituto Chileno Francés acaba de sacar en DVD ese filme y “Las tres coronas del marinero” y “La vocación suspendida”. Ahora entendámonos: los criterios de apreciación francesa nada tienen que ver no diré con los de Chile sino ni con los de España, Italia e Inglaterra. Marguerite Duras elaboró la teoría que en Francia los que cuentan son primero la gente que tiene alguna presencia cultural y que no se conoce entre ella; después los que deciden y ponen la plata; más atrás los críticos y las personalidades de la farándula. Y más allá y sin importancia el público. Esto prueba que una película puede tener dos millones de espectadores y ser un fracaso absoluto. “La hipótesis del cuadro robado” debe haber tenido tres o cuatro mil espectadores.
Los que cuentan.
– Sí. Hoy Francia hace películas con hasta cinco millones de espectadores, que son unánimemente destruidas por la crítica. Pero ganan mucho dinero.
¿Hoy que prefiere usted: dos millones de espectadores o la admiración de la crítica?
– La crítica no tiene tanta importancia… Prefiero que le guste a la gente que conozco. Hay que entender que en Francia los filmes de costo medio y baratos son íntegramente financiados con dinero público. Si van tres personas es malo porque se pierde el honor pero no es catastrófico. El año pasado hice “El dominio perdido”, que a mí me gusta pero no le gustó a la gente, y la crítica no fue ni buena ni mala. Salen las primeras cifras de taquilla, que eran regulares tirando para malas, y el productor me dice “¿Cuándo hacemos la próxima?”. Es la ventaja del sistema.
"Durante mucho tiempo decían que era el último cineasta soviético del mundo porque los productores me hacían un sueldo y yo trabajaba por ese sueldo... Pero hace algunos años me pasé al liberalismo".
¿Ha ganado plata con el cine?
– Durante mucho tiempo decían que era el último cineasta soviético del mundo porque los productores me hacían un sueldo y yo trabajaba por ese sueldo, y la película podía costar 10 millones de dólares o 500 mil; daba lo mismo. Pero hace algunos años me pasé al liberalismo.
¿Cobra por taquilla?
– Eso va prioritariamente para el Estado.
¿Tiene alguna fortuna?
– Este año jubilo en Francia. Es una pensión buena y como tengo el Premio Nacional de Artes Audiovisuales (1997)… Hace poco me enteré que fue una idea de Pinochet.
¿Cuál fue la última película chilena que vio?
– “Aquí se construye” de Ignacio Agüero y “Recostada mirando las estrellas”, un poco larga.
Hay en Chile un movimiento de cineastas jóvenes.
– Movimiento no diría pero hay muchos y cuando hay muchos termina por haber un movimiento. Pero encuentro poca reflexión sobre el cine, lo mismo que en Francia y en el resto del mundo.
Uno de sus proyectos es retratar al mundo indígena hoy.
– Así como “Seis personajes en busca de Autor” de Pirandello, la idea es hacer “Seis indios en busca de antropólogo”, un fenómeno que existe y que no es simplemente cómico. Es la reificación: la gente viéndose excluida de la mundialización se repliega, se inventa una etnia, se declara primitiva. Y no sólo en Chile, pasa mucho en Estados Unidos.
Leí que no va a donar películas suyas a la recién inaugurada Cineteca Nacional.
– Es que no tengo.
¿Qué le parece la iniciativa?
– No conozco los detalles. No sé si van a tener presupuesto para comprar películas o restaurar.
No las van a comprar, las van a pedir para guardarlas, restaurarlas, copiarlas digitalmente, archivarlas y exhibirlas.
– ¿Pero quién se va a atrever? Bueno, si sobran copias no habrá problemas, pero no veo a nadie que quiera dar sus películas.
Si le piden oficialmente…
– No tengo y veo mal que los productores quieran darlas. La mayoría de mis películas van a la cineteca de Portugal, porque en general la coproducción es portuguesa. Y a la de Taiwán.
¿Taiwán?
– Hice una película allí, una mezcla de historias taoístas con chistes chilenos.
¿Guarda usted copias en su casa?
– No. Las hago y me olvido. Voy a la próxima.
¿Le pasa que ve una película suya y siente que le faltó un diálogo o le sobró una toma?
– Siempre, sobre todo pasa mucho que uno se arrepiente de haber cortado algunas cosas y dejado otras. De hecho una película no está nunca terminada.
Deben darle ganas a veces de rehacerlas.
– Sí. Ahora con la tecnología digital es posible hacer tres o cuatro versiones de una película sin que salga caro.
¿Sigue socialista?
– Sigo, pero como los de antes y de los renovados. Creo en el funcionamiento de la sociedad. Es evidente que los obreros tienen intereses distintos a los patrones, aunque pueden coincidir por un tiempo. Creo en la lucha de clases, aunque no creo que sea aplicable a la Botánica como creen los marxistas duros.
¿Tiene simpatías por el gobierno de Bachelet?
– Es un poco demasiado renovado y es muy temprano para juzgar a Bachelet. Sobre todo que ella es avara en declaraciones.
Nada que ver con Lagos.
– Lagos era un performer.
Hay una posibilidad de que una socialista gobierne Francia (Segolene Royal).
– Sí pero sin ánimo de ser chauvinista la una no vale la otra. Siendo ministra hizo unas metidas de pata memorables.
Raúl Zurita dice que somos el país de la tontera.
– ¿Qué querrá decir? Hay una expresión francesa: laticón. Somos el país que practica mejor y con más gracia hablar en broma, jugar con las palabras, inventar nuevas, mezclar las ideas. Los kawaskar lo hacen mucho todavía.
