El Presidente de la República Sebastián Piñera, sostuvo en enero pasado reuniones con los cuatro ex presidentes de la Concertación. El motivo de los encuentros fue intercambiar ideas sobre "temas de interés nacional". Con matices, Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, sintetizaron el diálogo en cambios al sistema de elección binominal y aumento de tributos. Sin duda ambos asuntos son muy importantes y requieren modificaciones sustantivas en el corto plazo. Pero reducir los temas de interés nacional en esas dos materias es demasiado poco visionario para diálogos de tanta altura. A nuestros líderes políticos les hace falta más creatividad y profundidad a la hora de pensar en el Chile del siglo XXI. No se puede reducir las demandas sociales en solo estas dos reformas constitucionales, que ni concitan acuerdos políticos ni transformarán a Chile. Aun cuando ambos asuntos se reformen, nada importante cambiará.
Chile necesita cambios de paradigmas profundos. Si seguimos en los mismos temas y en la misma vieja forma de hacer las cosas, seguiremos estancados en nuestro subdesarrollo. En Chile todavía hay quienes piensan que el desarrollo se alcanza exclusivamente con crecimiento económico que aumenten el PIB. Eso quizás estaba bien hace treinta años atrás. En el mundo de hoy hay quienes consideran que el crecimiento económico debe tomar en cuenta el costo derivado de la degradación ambiental y la pérdida de recursos naturales, es decir un índice que incluya valores ecológicos y de desarrollo sostenible. Es el PIB Verde, o el Índice de Progreso Genuino, IPG, o el Índice de Bienestar Económico y Social, IEBES. Distintas respuestas para un mismo desafío.
En 2011 el debate estuvo centrado en la educación. Se exige calidad, se cuestiona el lucro y se le pide al Estado más recursos. Desde el Ejecutivo se responde con más becas, créditos más blandos y más burocracia. Una Superintendencia y una Agencia estatal velarán por la calidad, la transparencia y el respeto a la Ley. Viejas respuestas para demandas —que aun cuando están contaminadas por ideologías fracasadas— exigen soluciones modernas.
"Reducir los temas de interés nacional en el cambio del sistema electoral y en el aumento de tributos es demasiado poco. A nuestros líderes políticos les hace falta más creatividad y profundidad a la hora de pensar en el Chile del siglo XXI. Aun cuando ambos asuntos se reformen -y es bueno que así suceda-, nada importante cambiará".
El modelo de educación chilena que se incubó en el siglo XIX tiene un sello colonial notable. Aburrida y vetusta, la falta de motivación de los estudiantes es evidente. La forma en que viven y se relacionan nuestros hijos ha cambiado drásticamente en comparación a la realidad que vivieron nuestros abuelos, nuestros padres e incluso con nuestra propia generación. Los problemas del Chile del siglo pasado hoy son totalmente diferentes y la cuestión que necesitamos preguntarnos es si el sistema de educación actual responde a los nuevos desafíos. Si así fuera, entonces tendríamos que continuar en la misma dirección. Si no, entonces tenemos que considerar cambios profundos para un Chile más inclusivo.
Las pautas de educación siguen creando fuerza laboral y apuntan a producir un ser humano inteligente, emprendedor, que trabaje duro, sea eficiente, disciplinado, listo, exitoso y con la esperanza de que sea un líder. Adolf Hitler y Pol Pot tenían todas estas cualidades, sin embargo la mayoría de la gente los refiere como personas perversas, tiranos sin límites.
Necesitamos en consecuencia observar cuál es la educación correcta que están impartiendo nuestros colegios y universidades. El trabajo en equipo y la habilidad para trabajar armoniosamente con otros es tanto o más importante que el logro individual. La cooperación es la esencia de la democracia y de una sociedad desarrollada. Uno trabaja no sólo por la ganancia personal o el reconocimiento, sino por el bien de la comunidad completa, con honestidad y sin abuso de poder.
Chile necesita creatividad y cambios. Necesitamos un pensamiento divergente, ideas colaborativas que respondan de manera vanguardista a las demandas sociales. No hacerlo es condenarnos al subdesarrollo eterno.
Muchas de nuestras instituciones están obsoletas porque copian conceptos sin entender su verdadero significado. Innovación, Clúster, Emprendedores, de tanto sonar suenan huecas porque carecen de identidad. Están escritas sin alma. Tenemos que revisar las Corfo, los Sercotec, los Indap, los Sernatur, los Conicyt. Son viejas estructuras estatales centralizadas y burocráticas que impiden el pensamiento divergente. Necesitamos más diversidad, más identidad, menos centralismo y más ambición.
