Entre los años 1850 y 1875, alrededor de 6.000 alemanes se instalaron en el sur de Chile. Principalmente se trataba de agricultores y artesanos, pero también habían numerosos profesionales y comerciantes. Los colonos agricultores se establecieron preferentemente en el área del Lago Llanquihue y aquellos con intereses industriales y artesanales optaron por núcleos urbanos consolidados como Valdivia, La Unión y Osorno. Todos, casi sin excepción, construyeron sus casas, talleres y fábricas siguiendo el estilo de su país natal. La inmigración alemana otorgó exteriormente a la ciudades y a los campos sureños una faz de tipo europeo, hasta entonces desconocida.
Los inmigrantes, consciente o inconscientemente, trajeron consigo su cultura, tradiciones, folclor y gastronomía. A través de familiares y amigos, pero también por medio de revistas y libros, se mantenían vinculados con su país de origen y sacaban ideas para aplicarlas en el diseño de sus viviendas.
El gran mérito de las casonas construidas por los alemanes en el sur de Chile no sólo radica en una imagen imponente, también son notables su adaptación al medio geográfico y el trabajo artístico de sus elementos estructurales.
Casi sin excepción, la mayor parte de las construcciones alemanas fueron hechas de madera; sin embargo, muchas también se construyeron de ladrillo cocido y luego estucadas. En las comunidades aledañas al lago Llanquihue, por ejemplo, al comienzo se dio una arquitectura cercana al neoclasicismo. Se trataba de casas elementales, con poca ornamentación, de uno o dos pisos. Lentamente empezaron a incorporar elementos como vigas curvadas, dinteles y pilastras que aparentaban estar tallados a mano. Al relacionarse con el paisaje aparecieron los espacios intermedios como porches, zaguanes y galerías vidriadas, además de ventanas en las aguas del sobrado que constituyeron pequeños miradores.
Con la llegada del siglo XX aparecen los rasgos neorrenacentista o neogótico en algunas construcciones más elaboradas. Incluso aparecieron algunos fantasiosos, como la cúpula de forma bulbosa en techumbres. En aquel tiempo proliferaron los balcones tragados, los corredores y las torres miradores que hicieron que las casas fueran más amables.
En términos generales, se cree que el aporte espontáneo de los carpinteros o la tendencia a imitar lo que veían los colonos en publicaciones importadas fomentaron el desarrollo de una arquitectura mixta o ecléctica.
De esta manera, el gran mérito de las casonas construidas por los alemanes en el sur de Chile no sólo radica en una imagen imponente que con gracia oscila entre lo sencillo y lo lujoso, lo urbano y lo rural, lo puro y lo ecléctico. También son notables su adaptación al medio geográfico y el trabajo artístico de sus elementos estructurales.







