Isla Jéchica - PuyuhuapiTravesía por las Islas Guaitecas

Robin Wescott, capitán del Yate Noctiluca

Noctiluca llegando a la Isla Jechica

Poblado de Melinka

Delfines a la salida de Melinka

Lodge Isla Jechica

El Lodge de Jechica en pleno bosque

Cosecha de Jaivas en Jechica

Kayak en la Isla Jechica

Noctiluca cruzando el Canal de Moraleda

Spa Termal & Lodge Puyuhuapi

Piscinas del Spa Puyuhuapi

Vista posterior del Lodge Puyuhuapi

Puente colgante en Parque Nacional Queulat

Ventisquero Colgante del Parque Nacional Queul

Hemos descubierto una travesía marítima que le permite al viajero experimentar una aventura controlada, llena de emociones y contacto con la naturaleza en su estado mas natural.

por Pablo Valenzuela
en Viajes
el Lunes, 04 Enero 2010

Al considerar un viaje por los canales australes en la Patagonia chilena, las primeras imágenes que se me vienen a la memoria es un mundo de soledades y vastos territorios inexplorados. Y estar con los pies y el alma en estos lugares no es más que la comprobación de esta imagen.Los canales y archipiélagos al sur de la Isla Grande de Chiloé son territorios enormes y con escasa presencia humana. No más de una persona por kilómetro cuadrado habitan estos lugares. Pienso en los pueblos nativos que lograron imponer su presencia a pesar de las inclemencias del clima y la lejanía.

Pero para turistas y buscadores de aventuras la vida tiene menos sacrificios, pero no está exenta de emociones. A bordo del modermo yate Noctiluca viajamos por el archipiélago de las Guaitecas a la desconocida y maravillosa isla de Jéchica, paraíso de los amantes de la navegación y de buscadores de nuevas rutas y aventuras patagónicas. El viaje termina en el apacible Lodge y Spa Termal de Puyuhuapi, al que alcanzamos después de cruzar el canal de Moraleda. Una visita al Ventisquero Colgante del Parque Nacional Queulat y el retorno por la ciudad de Coyhaique es la guinda de la torta de un viaje de ensueño que pudimos disfrutar en compañía de insignes aventureros.

El siguiente es el itinerario de la travesía:

A bordo del modermo yate Noctiluca viajamos por el archipiélago de las Guaitecas a la desconocida y maravillosa isla de Jéchica, paraíso de los amantes de la navegación y de aventuras patagónicas. El viaje termina con una visita al Ventisquero Colgante del Parque Nacional Queulat después de disfrutar del apacible Lodge y Spa Terma de Puyuhuapi.

Día 1

Tomamos una avioneta de la empresa Patagonia Airlines en Puerto Montt con destino a Melinka, la más conocida isla del archipiélago de las Guaitecas y puerto de entrada norte para este sector, ya sea por vía aérea o marítima. El vuelo es tranquilo y duró menos de una hora. Una vez en Melinka, nos dirigimos hacia el pequeño y viejo puerto donde nos esperaba el cómodo yate Noctiluca de propiedad del experimentado navegante Robin Wescott. La embarcación es un verdadero lodge flotante que se interna sigilosamente entre islas de exhuberante vegetación, la mayoría de ellas completamente deshabitadas por el hombre, pero felizmente habitadas por aves, delfines chilenos, ballenas azules y jorobadas y una rica variedad de peces, crustáceos y moluscos. Llegamos a Jéchica en la tarde con la suficiente luz natural para hacer un reconocimiento de esta isla de 7.200 hectáreas de bosque siempreverde que pocos conocen, pero que es un verdadero tesoro para yatistas y aventureros.

Día 2

Temprano acompañamos a los guías del Lodge, a recoger las trampas de jaibas que se habían instalado el día anterior. Que grata sorpresa al ver el resultado: una cantidad apreciable de jaibas todas de muy buen aspecto y gran tamaño. Las más pequeñas se tiran de vuelta al mar y las grandes directo a la olla.
De regreso, Esteban Díaz el cocinero del Lodge muestra sus dotes de gran chef, no solo con las jaibas sino también con las costillas de cordero. Esteban nos cuenta que en este lugar tiene la oportunidad de elaborar sus platos con materia prima verdaderamente natural, del mar saca los mariscos, crustáceos, algas y pescados, de la tierra obtiene las verduras y se abastece de corderos. En la tarde y a pesar de la suave lluvia, caminamos hacia una laguna de agua dulce ubicada en el interior de la isla. Nos guía Daniel Casado, otro joven chileno quien nos sorprende con sus conocimientos de la flora e historia de la isla. Sentimos una entrega especial de su persona, lo que confirmamos al preguntar por su vida y nos dice que es budista, que vivió en la India y trabajó en un centro de la madre Teresa. No podríamos estar en mejores manos.

Día 3

Nos despedimos del staff de isla Jéchica y nos embarcamos nuevamente en el Noctiluca. Nuestro destino es cruzar el canal de Moraleda para llegar a las flamantes Termas de Puyuhuapi. El tiempo no está malo, hay un poco de viento pero no hay lluvia ni nada que ponga en alerta al pasajero, sin embargo, estamos atentos porque al canal de Moraleda se le debe respeto, aun cuando no hay nada que temer porque el Noctiluca es una nave especialmente diseñada para navegar por los canales patagónicos. Cruzamos el Canal de Moraleda y nos internamos en la bahía Doritas hasta llegar a Puyuhuapi. Pasamos por sectores completamente deshabitados con vegetación exuberante e impresionantes cascadas de agua fresca que caen al mar. La llegada es de películas: el hotel está envuelto en una neblina típica de la llovizna permanente que convierte a esta zona en una de las más lluviosas del mundo. La estructura del hotel se aparece lentamente, rodeada de selva y bruma. Nos recibe en el muelle el personal del Lodge y nos ofrecen un reparador pisco sour y nos cautiva a todos. Luego de descansar en nuestras cómodas habitaciones bajamos al spa del hotel. Nos encontramos con otros pasajeros del lodge y se entabla amistad rápidamente. Los encargados nos explican las cualidades del agua de Puyuhuapi. “El agua es vida”, nos dice la masajista y nos zambullimos una y otra vez por las diferentes piscinas del hotel.

Luego de cruzar por un puente colgante y caminar por un pequeño sendero, llegamos al Ventisquero Colgante, llamado así porque una parte de él cuelga del acantilado que lo sostiene. Es de una belleza muy especial. Al estar unos minutos parados ahí, se empieza a ver como se desprenden los pedazos de hielo al acantilado y se escucha el tronar y sus ecos.

Día 4

Luego de un excelente desayuno recorrimos un sendero que rodea el hotel y apreciamos las vistas de la bahía que con los yates anclados, su frondosa vegetación y el color esmeralda del agua se parece más al Caribe que a la Patagonia.Después del almuerzo nos embarcamos en el bote del hotel para cruzar el canal de Puyuhuapi y abordar un mini bus en la carretera Austral con destino al Parque Nacional Queulat. Luego de cruzar por un puente colgante y caminar por un pequeño sendero, llegamo al Ventisquero Colgante, llamado así porque una parte de él cuelga del acantilado que lo sostiene. Es de una belleza muy especial. Al estar unos minutos parados ahí, se empieza a ver como se desprenden los pedazos de hielo al acantilado y se escucha el tronar y sus ecos. Pero nada es perfecto. En el centro de información del Parque nos muestran imágenes que comprueban el rápido retroceso del glaciar. Quedamos impactados y reflexionamos que la actividad industrial humana aún cuando es lejana de estos lugares, provocan daños irreparables. Nuestro ánimo se repone rápidamente al volver a la carretera austral y ver jóvenes mochileros y ciclistas con expresiones de cansancio pero felices de la aventura que están haciendo. Al volver a cruzar el canal de Puyuhuapi la naturaleza nos brinda otro espectáculo. Hay un grupo de cachalotes, los perseguimos en el bote y estos se dejan querer al acercarse y nadar al frente y paralelos a nosotros. Volvemos al hotel y este cuerpo humano no puede resistir a las tentaciones de contratar un masaje. Más de media hora con la masajista me hacen comentarle: “El masaje es vida!”.

Día 5

Nos levantamos temprano en la mañana, cruzamos el canal y abordamos el mini bus que nos lleva por la carretera Austral hacia Coyhaique. El viaje es largo pero de bellos paisajes, el camino es de ripio en su mayoría, pero hay amplios sectores que ya están pavimentados y en muy buen estado. Nos detenemos a tomar fotos en lugares que son especialmente atractivos. La llegada a Coyhaique es muy interesante, es la llegada a la pampa Patagónica. La ciudad es pequeña pero bien ordenada y limpia. Es un gusto recorrerla, pero el tiempo ahora es escaso y hay que llegar pronto al pequeño poblado de Balmaceda, donde funciona una aduana y el aeropuerto. En el pequeño, pero dinámico aeropuerto informan que los puertos marítimos están cerrados por un temporal. Sorprendente porque en Balmaceda el tiempo está bueno, un poco de viento pero nada especial. Nos confirma que en la Patagonia la naturaleza está siempre al acecho. El Lodge y Spa Puyuhuapi es el lugar perfecto para recorrer canales y bosques y glaciares patagónicos. La tentación no resiste a los masajes ni al vapor de sus aguas termales.

Pablo Valenzuela

Pablo Valenzuela

Economista de la Universidad de California y empresario inmobiliario. Ejerció en el Ministerio del Tesoro en Washington DC y en la actualidad combina su labor empresarial con la de colaborador de revista Enfoque. Escribe principalmente artículos de viajes y economía.

1 comentario

  • Enlace comentario alejandro benavides 15 de Marzo del 2011 Publicado por alejandro benavides

    Que puedo decir; es una maravilla de reportaje. A cada momento que iba leyendo, parece que una película de esos lindos lugares iba pasando por mi mente... Yo como Chileno del Sur, no tengo la oportunidad de hacer esa aventura. Quien sabe, más adelante me interne por esos canales, junto a mis hijos, que para ellos, conocer esas maravillas de Chile, seguro que será una super aventura. Un grande abrazo para ti Pablo por este artículo, y no puedo sino dejar de saludar a mi grande amigo, Humberto Merino, parte importante de esta espectacular revista ENFOQUE... Se despiden de ustedes, Alejandro Benavides y familia, desde la pequeña ciudad de Nova Esperança-Pr. / Brasil... Gracias por compartir es tu aventura!!

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