Para cumplir con el cometido, se conformó un equipo integrado por Fernando Millar, Ingeniero Geomensor, Jefe de la Expedición, encargado de logística y comunicaciones radiales; Christian Loewe, estudiante de Ingeniería Civil Mecánica, encargado de poner en marcha los sistemas de electricidad de la base; y Rigo Obando, Cartógrafo, encargado del registro audiovisual. Todos miembros de la rama de andinismo de la Universidad de Santiago de Chile y del ICCH. Esta es su historia…
“Estoy terminando de grabar música para el viaje, son las cuatro y media de la madrugada y suenan los acordes de “El lado oscuro de la luna” de Pink Floyd y no puedo dejar de pensar en que pronto cumpliré un sueño que está presente en mi vida desde los doce años. La semana pasada estuve en Puerto Montt para despedirme de mi familia y sobretodo de “Lolita”, mi abuela materna, a quien vi por última vez en la clínica. Después de salir de su habitación, me devolví y la apunté con el dedo, le dije: Tú te vas conmigo. Ella sonrió apaciblemente.
Hoy comenzó el mes más caluroso del año aquí en Santiago, mientras nosotros emprendemos rumbo hacia Punta Arenas. Desde el avión pudimos ver el Campo de Hielo Norte y avistamos el Monte San Valentín. Ese gigante que le cambió la vida al flaco Walterio, mi tío montañista que en 1981 casi pierde la vida al conquistarlo. Más adelante, apareció el Campo de Hielo Sur, nuestro destino. Nos emocionamos al ver el sector al cual nos dirigíamos, pedimos unos whiskies “con hielo”, por supuesto, y brindamos con los pasajeros.
Una vez que aterrizamos en Punta Arenas, nos dirigimos al Comando Antártico a buscar la carga que la FACH, gentilmente nos había trasladado unos días atrás. Fuimos recibidos por la gente del Instituto Antártico Chileno y nos entregaron los trineos que nos llevarían a destino, nos cuentan que fueron dejados por una expedición procedente de la antártica.
Después de casi tres días soñando con una cama, llegamos a Puerto Natales y conseguimos una residencial donde pasar la noche. Por la mañana tomamos un bus con dirección a la localidad de El Calafate, en Argentina. Somos los únicos latinos abordo. Se ve el seno de Última Esperanza, Cerro Castillo y un bello paisaje que contribuye al relajo, cuando aún quedan por delante unas cinco horas de viaje. Cerca de las dos de la tarde llegamos a El Calafate, ubicado en la orilla sur del Lago Argentino. Fernando compró un mapa argentino de toda la zona de Campos de Hielo y estamos sorprendidos porque aparecen todos los datos, incluso la Base Eduardo García Soto. Cualquiera pensaría que es argentina. ¡No esperábamos esto! Y pensar que en Chile existe un gran desconocimiento al respecto. De hecho, está prohibida la cartografía de esa zona.
Saliendo de El Calafate nos acompaña durante un rato más la vista hacia el Lago Argentino, sus aguas color calipso maravillan en medio del seco paisaje de la pampa. Todavía faltan unas 3 horas de camino para llegar a El Chaltén. El chofer del bus, como buen argentino, va tomando mate. Él mismo es el que carga el equipaje y da las instrucciones. A los lejos se divisa el Cerro Torre y el Monte Fitz Roy en un espectacular atardecer con vista al Lago Viedma. Nos acompañan el silencio y los pensamientos.
La escoba de Dios
Al fin llegamos al Chaltén. Es un pueblo pequeño, pero tan activo como una gran ciudad. ¡Turístico hasta el último rincón! De aquí nos vamos hacia Piedra El Fraile. El arriero Raúl Ibarra transportará nuestra carga hasta el campamento “Los Troncos”, pero antes nos llevó en camioneta hasta el puente sobre el río Eléctrico, desde donde caminaremos durante los días que durará nuestra expedición. El camino pasa por arenales, entre bosques de Lengas y Ñires, bordeando el río. Desde algunos lugares se puede ver la zona de Laguna del Desierto, rebautizada como Lago del Desierto por los argentinos. Dos horas después armamos campamento en el refugio “Los Troncos”. De aquí en adelante estamos por nuestra cuenta. Mañana comenzaremos a portear la carga. Para llegar hasta el campamento “Playitas”, tuvimos que vadear el río Pollone. El segundo porteo lo hicimos junto a unos argentinos que también pretenden llegar al Campo de Hielo.
Al amanecer avanzamos hacia el glaciar por la orilla del lago. El viento que sopla es peligroso y cada tanto nos azota contra las rocas y el dolor se siente. Cuando alcanzamos el glaciar supe por qué un equipo de Discovery Channel bautizó este lugar como “la escoba de Dios”. El viento barría todo a su paso. De pronto, escuchamos una explosión que nos dejó atónitos y a continuación, una ráfaga de viento de más de 100 kilómetros por hora nos arrojaba piedras con una fuerza impresionante. Rápidamente nos pusimos los cascos y nos tiramos al suelo. Fue un gran susto, pero debíamos continuar. ¡Ya estoy sintiendo la crudeza de la Patagonia, naturaleza hostil y maravillosa!
Terminados los porteos del día, comimos y descansamos en el campamento. Christian y Fernando instalaron la antena de la radio HF, pero no logramos comunicación con nuestros contactos preestablecidos… “Atento, atento, aquí Campo de Hielo, ¿alguien a la escucha? ”. Después de más de una hora frente a la radio y personalmente con ganas de avisar que estábamos bien, escuchamos una voz contestándonos… “Adelante Campo de Hielo, aquí Radio Magallanes”…Sonreíamos de alegría, se me puso la piel de gallina. Fernando le manifestó al operador la alegría de escucharlo, él por su parte nos ofreció ayuda en caso de requerirla. Después de preguntarnos las coordenadas de nuestra posición agregó con voz temblorosa…“¿Entiendo que en este momento se encuentran sobre un glaciar?”…ahí la emoción nos embargo a todos.
Con la misma carga más el equipo de montaña que desde aquí utilizaremos –arnés, mosquetones, descensores tipo 8, cuerdas, piolets y botas plásticas de montaña– comenzamos a subir por el glaciar, sin antes dejar otro depósito con comida, combustible, ropa y los zapatos de trekking que ya no necesitaremos. El sol pegaba fuerte y el viento en algunos tramos seguía intentando barrer con nosotros, pero ya nos acostumbramos. Caminábamos distanciados y entré en un estado de introspección profundo. Sólo miraba mis pies y el hielo. Por momentos me detenía a observar el paisaje, era inexplicable. Pensé mucho en mi vida, en lo que he hecho y hacia donde voy. Sentí que iba curando las heridas y renaciendo con cada paso que daba en ese lugar. A ratos ya no sentía mi cuerpo, estaba separado de mi mente y del alma, era como estar en trance, pero seguí avanzando.Ya sobre la segunda planicie glaciar, y frente a la parte más abrupta que deberemos sortear para alcanzar el Paso Marconi, buscamos un lugar donde instalar nuestro tercer campamento. Nos ubicamos sobre la planicie, entre pequeñas grietas inundadas, desde donde podremos obtener agua. Ahí armamos la carpa, construimos una pirca con piedras que son arrastradas por el hielo glaciar abajo, y nos instalamos.
En la segunda ascensión al campamento el cansancio se hizo presente, la temperatura comenzó a bajar y el viento helado traspasaba mi chaqueta. ¿Quien me mandó a estar aquí? Sólo pensaba en cosas simples que ahora no tengo: un plato de sopa, sentarse en el pasto, un día de verano, dormir en una cama, un pan con mantequilla. De pronto escuché la radio…“Rigo, Rigo. Atento Rigo” y desperté. Me había quedado dormido apoyado con mi mentón sobre los bastones, de pié en medio del glaciar. Imaginé que la Vale, mi polola, me estaba mirando y me di fuerzas para seguir. Me acordé de cuando practicaba remo en Valdivia y el timonel me decía hasta para mi madre para que sacara fuerzas y siguiera remando. Después, recordé una manera de concentrarme y no sentir el cansancio ni el frío, la meditación. Sólo sentía mi respiración, mientras repasaba un antiguo mantra hindú. Cuando inhalaba pensaba “SAT” y al exhalar “NAM” y así logré llegar.
Nos encordamos para el ataque glaciar. Me costó subir. Me sentí mal de ánimo, un poco mareado y con dolor de cabeza. Mi orina tenía un color casi anaranjado, claro signo de deshidratación, pero seguimos subiendo. Cuando alcanzamos la zona de acumulación glaciar apareció un campo de grietas impresionantes, profundas, peligrosas y que retardarían nuestro avance. De repente metí el pie a una grieta. Al cruzar un puente de nieve y hielo que no soportó mi peso, quedé colgando con una pierna en el vacío. Me sacaron tirándome con la cuerda porque quedé inmovilizado con el peso de la mochila. Luego de tres horas, llegamos al sitio donde dejaríamos la carga.
Chilenos de corazón
Hoy es 8 de febrero y salimos temprano para subir rápidamente el glaciar, motivados por ganar la “carrera por el Marconi”, como bautizamos la idea de ganarle a los argentinos. Ellos ya habían hecho el porteo el día anterior y tenían su campamento en la planicie del Campo de Hielo, cerca de territorio chileno y del Paso Marconi. Nosotros queríamos cruzar primero la imaginaria línea que divide nuestros países.
Al llegar arriba vimos que ellos aún tenían su campamento armado, justo lo que pensábamos, ya que se movían hasta el anochecer utilizando todas sus fuerzas y al día siguiente dormían hasta cerca del mediodía. Nuestra estrategia era excelente. Ojalá el estado chileno ideara algo así para no perder estos maravillosos territorios, pensé. Apresuradamente, arreglamos las cargas en los trineos que podríamos utilizar recién desde aquí en adelante. Preparamos nuestros skies, adhiriendo una piel sintética similar a la de foca que permite deslizarse incluso para subir pendientes, estilo denominado randoné. Alivianamos nuestras mochilas, nos encordamos y Fernando, primero de la cordada, en un acto patriótico y muy simbólico, sacó la bandera chilena y la extendió sobre su mochila. Así pasamos frente al campamento de los argentinos. Estaban todos afuera y los invitamos a nuestro refugio. Nosotros ya no podíamos más de orgullo, estábamos emocionados porque seríamos primeros en pisar suelo chileno, primeros en llegar a nuestro refugio y más emocionados por ver la bandera chilena que nos guiaba.
Siguiendo rumbo a la base, el ritmo de avance va en aumento. Sólo queremos llegar y faltan unos pocos kilómetros de placentero randoné. De pronto a lo lejos, sobre una lomaje en el hielo se divisa una torreta. ¡es uno de los generadores eólicos de la base!, nuestra emoción es inmensa, el cansancio desapareció, sólo nos movía el corazón.
A las 14.46 horas llegamos a la Base “Eduardo García Soto” del Instituto Chileno de Campos de Hielo, que fue bautizada así en homenaje al fallecido científico y explorador chileno –amante de los Campos de Hielo– que encontró la muerte en el continente Antártico al caer con su moto de nieve a una profunda grieta en el hielo. Luego de casi seis horas de travesía desde el campamento “Seracs”, nos abrazamos y felicitamos por la hazaña.
Ya en la base comenzamos a revisar su interior y nos instalamos. Encontramos muchas comida y chocolates, de hambre no moriremos. En la mesa hay varios testimonios de gente que ha pasado por el refugio. Uno de ellos cuenta de unos argentinos que encontraron muerto a un alemán en su carpa, en el sector donde instalamos el campamento “seracs”. Se suicidó cortándose las venas con su navaja.
Hoy izamos la bandera en un mástil que improvisamos, teníamos un nudo en la garganta. Es especialmente significativo hacerlo en este lugar, con vista panorámica a la zona que está en litigio. ¡Estamos haciendo soberanía!
La electricidad funciona correctamente, tenemos radio, notebook y podemos cargar las cámaras. Un lujo surrealista para un lugar como éste. Han pasado dos días y cerca de las 13.00 hrs. recibimos un contacto radial: “Charlie Charlie Merino a Campo de Hielo”, era el operador radial de la Tenencia Teniente Merino de Carabineros de Chile, en el Lago O´higgins. Fernando contestó el llamado y le consultaban si yo estaba en esa base, por encargo de la Estación Puerto Montt. Mi Papá debe querer saber cómo estoy, ya que hasta ahora no hemos podido dar señales de vida. Hablé con el radioperador y le conté nuestra situación, las coordenadas donde nos encontramos y un resumen de la travesía para que lo retransmitieran a la estación de Puerto Montt.
Renacer en el hielo
Los amigos argentinos se quedaron con nosotros. Nuestra idea es ascender el Cerro Moreno, en el Cordón Mariano Moreno. Por sus cumbres cruza la línea del límite que reclama Argentina. Intentaremos subir el cerro símbolo de esa pretensión, junto a nuestros dos amigos y desde ahí veremos completamente el cordón montañoso con la planicie interminable de hielo que está en disputa por ambos países. ¡Si toda la gente del pueblo chileno pudiera tener tan sólo una oportunidad de ver con sus propios ojos la tierra que tan fácilmente entregó el señor Aylwin!
Hoy es sábado 12 de Febrero y salimos del refugio rumbo a la aventura. ¡Aquí vamos famoso Campo de Hielo Sur! Antes de salir nos tomamos unas fotos con los amigos argentinos junto al refugio. Nos sentimos como hermanos, regalándonos mucha confianza y amistad.
Esto es tan inmenso e infinito que me abruma, siento un nudo en el pecho. Mi mente está sumergida en los kilómetros y kilómetros de sólo ver el movimiento de mis skies. He recorrido mi vida completamente durante las horas que llevo aquí avanzando. Siento que estoy renaciendo y lo que podría ser morir o desaparecer. Siento el vacío en mi mente, ya no hay gravedad, estoy flotando. ¡DIOS! No creo en el Dios humano, pero siempre busqué una respuesta. Aquí no existe algo humano más que nosotros, que sólo estamos de paso. Nunca esperé encontrar aquí la respuesta. Quiero llorar, ya no quiero seguir sintiendo, me quiero apagar. ¡Sáquenme de mí, por favor! Las lágrimas corren por mi cara.
Se viene cerrando el cielo, al parecer viene una tormenta. Comenzamos a cavar en la nieve para hacer una terraza y construimos una muralla de protección. Entrada la noche, el cielo se cerró completamente y comenzó una tormenta de agua nieve. Dormiremos con la pala a los pies de los sacos y en caso de no resistir la carpa, tendríamos que enterrarnos. Nuestros amigos argentinos armaron la carpa junto a la nuestra, la hermandad se estrecha frente al peligro.
La carpa resistió bien la tormenta de anoche. Nuestros amigos argentinos emprenden su travesía hasta el Cerro Moreno y nosotros desistimos, pero nos dirigiremos al Paso Moreno, hasta ver los fiordos del Océano Pacífico y la meseta Caupolicán, lugar donde nace el glaciar más grande de América, el Pío XI. Luego de avanzar ocho agotadores kilómetros, logramos nuestro objetivo. Conquistamos el Paso Moreno. ¡Lo logramos! Primera vez que gente del Instituto explora esta latitudes y escasamente alguien más lo ha hecho. Todo un logro pisar este hielo completamente virgen.
Halo de protección
Hoy todo el mundo celebra el día de los enamorados. Anoche soñé con mi abuelita Lola, desperté con una sensación extraña. Sólo espero que se haya recuperado. En tiempo record llegamos al Paso Marconi. Avanzamos 12 kilómetros en cuatro horas sin descanso. La tormenta no nos ha tocado, pasa a nuestro alrededor, Fernando y Christian dicen que puede ser mi abuelita o la virgen a la que nos encomendó don Horacio Toro. Me inquieta el comentario y por un momento también lo pensé. A nuestro alrededor está todo cerrado y a nosotros sólo nos cayeron un par de gotas, hasta que llegamos al refugio. La tormenta finalmente no nos alcanzó. Sorteamos muchas grietas que no estaban cuando nos fuimos. Ya casi no queda nieve, sólo hielo que cada vez es más peligroso. Al acercarnos, vimos unas huellas en las nieve, eran de una persona. Al llegar al refugio encontramos una nota de agradecimiento de un checo que anoche durmió aquí.
Han pasado tres días y en la noche no pude dormir bien, desperté con un mal presentimiento. A la una de la tarde salimos de la base con las mochilas cargadas, los trineos y los skies. A poco andar aparecieron las grietas que rodean la base, así que nos encordamos. La madre natura nos puso las cosas difíciles.
Fernando pasó por un delgado puente de hielo y nieve con sus skies puestos, pero le costó mucho subir. Tuvo que marcar escalones. Luego, venía yo. Fernando me aconsejó quitarme los skies y lancé el primero al otro lado de la grieta donde estaba él, pero el ski no cayó bien. Me acerqué más y puse un pie en el puente de nieve para comenzar a cruzar, al tiempo que lancé el ski faltante. Se desprendió un trozo de nieve y perdí el equilibrio. Caí dentro de la grieta con la mochila puesta. Por suerte había dejado de arrastrar el trineo y lo había puesto en mi espalda, eso detuvo mi caída. Quedé enganchado en una saliente de hielo, dentro de la grieta, mientras hacía presión con mi pié izquierdo en la pared opuesta. Providencialmente, no alcancé a tirar a mis compañeros. No sentí miedo. Fernando estaba nervioso, le pedí un piolet para poder salir, al segundo intento lo logré. Di un picotazo mientras me pasaban otro piolet técnico, especial para el hielo y comencé a salir de la grieta, sin crampones, para alivianar mi cuerpo y no volver a caer. Después de unos seis o siete picotazos logré salir. Después de alistarnos, salimos rumbo al Paso Marconi. Ya no tenía el mal presentimiento, me sentí liberado.
Comenzamos el descenso rápidamente para evitar algún accidente. A poco andar las grietas estaban cada vez más expuestas y la pendiente mucho más pronunciada. Era evidente el efecto de las altas temperaturas y las precipitaciones de lluvia de los últimos días. El hielo había bajado su nivel y el paisaje era otro, impresionantemente cambiado, tanto así que dudamos de la ruta que estábamos siguiendo, pero luego de un rato visualizamos el camino. Era por el borde Oeste del glaciar, bordeando la ladera del Cerro Marconi, justo bajo los seracs.
Luego de 30 minutos logramos sortear la mayor pendiente del glaciar y llegamos a un sector más plano, que era la salida. Ahí estaba nuestro depósito y los zapatos de trekking. Al fin nos sacamos las botas plásticas, un verdadero alivio que hace la mochila aún más pesada.
Sólo quedan los últimos tramos, es lo de menos después de todo lo vivido en los hielos continentales más extensos en este hemisferio. ¡El lugar donde conocí a mi propio Dios!
El mismo día que regresamos a la civilización, el 23 de Febrero, se produjo el desenlace. Vistiendo nuestros uniformes del Instituto asistimos a las exequias de la abuelita, como si se tratara de la señal más clara de sincronía universal”.










