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Esta maravilla ubicada en el límite de la región de Atacama y Coquimbo, es un lugar propicio para visitar en cualquier época del año con tu familia o amigos. Y disfrutar de la grandeza de la naturaleza.

Ninguna guía turística, dato de un amigo o recomendación de una agencia de viajes te puede preparar para lo que encuentras a 130 kilómetros de la ciudad de La Serena. En el límite de las regiones de Coquimbo y Atacama lo que más hay es vida. En la tierra guanacos, liebres, cururos y lagartijas; en el mar delfines nariz de botella, numerosas especies de ballenas, miles de pingüinos y centenares de lobos marinos que, al parecer, llegaron aquí para quedarse.

La Reserva Nacional Pingüino de Humboldt es un área protegida de 888 hectáreas que comprende las islas Charañal, Choros y Damas.

Isla Chañaral

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La pequeña comunidad de Chañaral de Aceituno, justo donde comienza la región de Atacama en su extremo costero sur, se hace cada vez más famosa. En sus rocas centenares de lobos marinos, pingüinos y una gran variedad de aves se mezclan entre gruñidos y cacareos en todos los tonos. Además, cada año pasa por sus aguas una gran variedad de cetáceos, entre los que se incluyen orcas, ballenas piloto, franca austral, Minke, Sei, Bryde, ballenas jorobadas, ballenas fin y ballenas azules. Así es, todo este desfile de grandeza en un solo lugar.


Isla Choros

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Saliendo en bote desde la caleta de Punta de Choros, se puede llegar a los pies de la isla en unos 30 minutos. La isla es un macizo natural con altas paredes que caen a pique al mar y, bien arriba, los pingüinos observan curiosos. Pero no sólo de pingüinos vive la isla, también se pueden observar cientos de cormoranes Lile, siempre acompañados de su pareja, la única que tendrá en toda su vida. Más abajo, en la rompiente de las olas, los lobos gruñen y cantan, los grandes machos cuidan su harem y defienden sus rocas favoritas a mordiscos, mientras otros cuantos nadan alrededor del bote.


Isla Damas

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Un pequeño paraíso escondido que se comienza a mostrar a medida que nos acercamos al muelle. Aquí sí hay desembarco (y qué difícil sería no hacerlo!), sus aguas cristalinas color turquesa nos dan la mejor bienvenida. La Isla Damas es pequeña y apenas se eleva sobre la superficie del mar. A pie podemos cruzarla de extremo a extremo en unos 30 minutos, recorrido que tiene como gran atractivo un buen baño en cualquiera de sus dos playas paradisíacas: la Poza y Tijeras, ambas con arenas blancas y aguas calmas y transparentes, que la convierten en un lugar ideal para los amantes del buceo y los paseos en kayak.

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