Ahí conviven almacenes pequeños, restauradores de muebles, tiendas de diseño, galerías de arte, restaurantes, cafés, emporios y bares, que dan vida a este barrio bastante trendy, con un ambiente muy interesante, para recorrer tanto de día como de noche.

El lugar, que nació como parte de la periferia de la capital, poco a poco se fue mezclando con el restante de ciudad. Su nombre deriva de la avenida con el mismo nombre que, a su vez, fue un homenaje al destacado Teatro Italia, creado en 1936 y en el que hoy se realizan ferias de diseño.

Sus casonas coloniales de fines del siglo XIX e inicios del XX hoy dan lugar a grandes tiendas de vestuario, cafés y anticuarios. Espacios que en sus ventanas con marcos pintados tienen pegados, con orgullo, el mensaje “somos Barrio Italia”.

Mientras se camina por la calle Caupolicán pueden verse grandes galpones con anticuarios. Ingresar ahí es como entrar en un portal del tiempo: muñecas de porcelana están puestas al lado de las cámaras análogas y máquinas registradoras. Cada objeto con su historia personal, sea por los dueños que lo tuvieron, por los años que posee o por el costo que tiene. Patricio Soto cuenta que su tienda de antigüedades es la más añosa del barrio y que ha vendido de todo. “Excepto este caballito de madera –dice mientras acaricia al objeto, como si fuera un animal de verdad-, pues mis nietas aún juegan con él”.

Mueblistas y restauradores también están distribuidos por el entorno. Cualquiera que pasee por ahí puede observar el oficio artístico y ser testigo cómo, poco a poco, la madera y el metal van reconstituyendo objetos otrora dado como perdidos.

Con el paso del tiempo, el barrio también se ha convertido en un centro gastronómico de la ciudad, especialmente cuando se trata de comer algo distinto, proveniente de otras partes del mundo. Quien quiera comer masas, lomos salteados o plátanos fritos puede acercarse, pues en Barrio Italia varios locales cuentan con chefs italianos, peruanos y venezolanos. Estos últimos constituyen la mayor colonia en el barrio, con cuatro lugares, el más reciente de ellos, un pequeño rincón familiar llamado Águila Gourmet, donde los dueños aseguran que cualquiera puede “visitar Venezuela a través del paladar”.

Varios locales también se han agrupado entre sí en espacios de techos altos y paredes vidriadas, como el Paseo Estación Italia y muchos otros, donde los visitantes pueden apreciar vitrinas de diseño o disfrutar de un rico café. Una de las opciones es ir al nuevo local, U Café, inaugurado en marzo de este año y donde el café tostado puede ser tomado con un crêpe artesanal, servido en un pocillo de greda con queso gratinado. Un barrio con sabor a antiguo y cosmopolita… lleno de curiosidades.

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