Un grupo de investigadores expedicionarios de National Geographic descubrieron en la isla Hornos —considerada como el punto más meridional de Tierra del Fuego— siete especies de Nothofagus betuloides o coigüe de Magallanes. Los árboles tienen una altura no mayor a un metro y sus troncos apenas miden 10 centímetros de diámetro.

«Debido a los fuertes vientos, todos los árboles están doblados y arremolinados como resortes en espiral. Algunos de ellos están muertos y los que están vivos se retuercen y expanden más de 3 metros. No son secuoyas imponentes o un roble maravilloso, pero esto es absolutamente increíble», dijo Brian Buma, el líder de la expedición, que no pudo contener su alegría, debido a que su trabajo ha establecido «una referencia científica para medir la migración forestal».

La expedición se realizó en enero de 2019, y los resultados fueron publicados el 8 de julio de 2020 por la edición digital de la revista National Geographic.

Siete especies de Coigüe de Magallanes fueron encontrados en lo alto de una ladera de la isla Hornos, ubicada en el encuentro del Océano Pacífico con el Atlántico en el Cabo de Hornos.


Las especies de coigües fueron encontradas en lo alto de una ladera de la isla Hornos, que con una superficie de 25 km2 forma parte de las islas Hermite, cuyas costas fueron recorridas por los yámanas hace más de 6 mil años atrás y se reconoce al navegante británico Robert Fitz Roy como el primer hombre blanco en pisar y recorrer la isla en 1830.

Las dificultades para ubicar a estos australes árboles no fue la única complejidad de la expedición, sus participantes —seis investigadores internacionales y tres chilenos, entre ellos el ecologista Ricardo Rozzi y el geógrafo Andrés Holz— tuvieron que recorrer distancias exorbitantes en busca de estos especímenes desgarbados. «Hemos cruzado los océanos en avión, viajado 32 horas en ferry, y otras 10 horas en un bote chárter de madera cuyo marinero, a mitad del viaje, confesó que nunca había navegado por este abominable tramo del mar. Después de la larga odisea, llegamos a nuestro destino: Isla Hornos, el punto más meridional de Tierra del Fuego. Allí caminamos y acampamos con vientos que nos tumbaban al suelo, nos resbalamos y caímos sobre guano de pingüino y los matorrales de agracejo nos cubrieron hasta la altura de las axilas», describe Craig Welch, autor de la nota.

El descubrimiento permite establecer una referencia científica para medir la migración forestal y convierten al Cabo de Hornos en un laboratorio natural.

¿Pero cuál es la importancia de ubicar a estos árboles? Brian Buma afirma que tras revisar unos viejos libros de botánica y diarios de exploradores, descubrió algo sorprendente: una variedad de lugares que se disputaban el puesto de bosque más al sur del planeta. Un sitio web sugería que el «árbol más austral del mundo» estaba en la Isla Navarino, donde se encuentra Puerto Williams, a 160 km al norte de Cabo de Hornos; otro lo ubicaba en Isla Hoste, a 56 km al norte del cabo. Un artículo de la década de 1840, basado en las afirmaciones del botánico Joseph Dalton Hooker, determinaba con firmeza: «La isla Hermite puede ser considerada el lugar más meridional del mundo con vegetación arborescente». Pero Hooker nunca visitó la isla al sur de Hermite, un lugar que, según Wikipedia, “carece por completo de árboles». La pregunta que se hizo Buma fue: ¿Por qué habría árboles en Hermite pero ninguno en la isla Hornos, a pocos kilómetros de distancia? Cuando se lo planteó a Rozzi, el investigador chileno, este le afirmó: «he estado allí, hay árboles”.

Hoy, gracias a este descubrimiento Buma cree que las isla Hornos y el Cabo de Hornos se convierten en un laboratorio natural para que los científicos visiten e investiguen de aquí en adelante. «Podrían instalar equipos para controlar la temperatura del suelo y el crecimiento de los árboles. Se podrían estudiar los animales de este ecosistema en los confines. Y con el tiempo, se podría determinar si ese límite revela un desplazamiento», afirma.

Antes de esta expedición, los científicos había notado lo rápido que crecen los árboles en estas latitudes donde confluyen los océanos Pacífico y Atlántico. Pero no se sabe si ha sido siempre así. ¿Cuánto ha cambiado este lugar con el calentamiento del planeta? No podemos decir con certeza. Pero después de esta expedición Buma y Rozzi podrán hacer un seguimiento de lo que sucederá de ahora en adelante. ¿Qué tan diferente será en 20 años? ¿Se convertirá este paisaje de tundra en un bosque exuberante? ¿Los vientos inquietos de un clima cambiante moverán el límite del bosque? A medida que la región se calienta más, ¿podrían las aves algún día transportar semillas a las Islas Diego Ramírez, a 100 km al suroeste de este lugar, para permitir que los árboles echen raíces en lugares que ahora no tienen árboles?

Esta historia y la expedición contaron con una subvención de la National Geographic Society. Puedes ver el artículo original en este link: Descubren el árbol más austral del mundo durante una expedición arriesgada.

 

 

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