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Después de desprenderse de sus empresas en Estados Unidos a fines de los años ochenta, Douglas Tompkins llegó a la Patagonia con la misión de concentrarse en un proyecto que definiría su vida hasta el día de su muerte y marcaría un antes y un después en la historia medioambiental de Chile: la conservación. Como homenaje a su legado, presentamos una pequeña síntesis de las entrevistas y columnas que el filántropo norteamericano concedió a nuestra revista.

 

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Tompkins Profundo  / Enfoque 14, abril de 2004

 

¿Satisfecho de haber conseguido que Pumalín haya sido declarado Santuario de la Naturaleza?
Es un proceso que realmente no entiendo como llegará a la etapa final, pues estamos siempre desarrollando algo nuevo, pero me parece que estamos avanzando.
¿Tiene confianza en el Gobierno y en que todos los trámites que faltan se van a hacer?
—Hasta ahora no tenemos ninguna razón para no confiar en el Gobierno. El presidente Lagos ha hecho todas las cosas a las que se ha comprometido con los ministros y sus equipos para hacer las tareas técnicas necesarias para llevar a cabo algo que sé es muy complejo.
¿Por qué su interés en que Pumalín sea declarado Santuario de la Naturaleza y la Carretera Austral no pase por el parque? Mucha gente no entiende cuales son sus verdaderos propósitos.
Antes de todo es importante destacar que somos terratenientes como cualquier dueño de campo en el país. Chile tiene sus leyes de propiedad privada muy claras que resguardan todos los derechos y límites tanto de los privados como del Estado. Cuando es necesario el Estado puede expropiar terrenos privados y eso es absolutamente normal, entonces este asunto está tan sobredimensionado y fuera de foco. No tenemos ni un milímetro de espacio para maniobrar, más que cualquier otro dueño de campo. Así es como funciona la ley y estamos de acuerdo con eso. Nunca hemos tenido un desacuerdo con los conceptos, lo que pasa es que la prensa quiere sobredimensionar el asunto e instigar el debate; pero la realidad es otra y estamos felices porque legalmente no encontramos ambigüedad (…) No tenemos problemas de hablar sobre cuál es el mejor camino al desarrollo, obviamente tenemos nuestras opiniones. Por muchos años logramos poner en pantalla de las autoridades desarrollar el camino costero. Nosotros creemos que esta sugerencia es la mejor, sus ventajas son muchas y evidentes.
¿Por qué cree que existe desconfianza y oposición a sus ideas y proyectos?
—Tengo mi teoría. Pienso que el caso Tompkins está muy mal entendido y sobredimensionado. Se han creado todo tipo de especulaciones e historias que muchas de ellas solo buscan favorecer posturas particulares, comerciales, ideológicas y políticas. Pero realmente estoy feliz de tener esta polémica porque se ha creado un debate sobre la importancia de cuidar el medioamiente y esa es la base de todo, porque para cuidar el medioambiente hay que pensar en el modelo de desarrollo.

La industria salmonera chilena está en un camino sin salida. La sociedad chilena está equivocada con este tipo de industria, pues no va a funcionar. En el corto plazo sí, porque van a aprovechar las ventajas de trabajar en aguas limpias, pero después de algunos años descubrirán que han matado todo.


 

¿No cree que esta desconfianza se debe en gran parte a la ideología que usted profesa? La ecología profunda es considerada como muy radical.
—¿Qué es lo verdaderamente radical? Lo que yo veo es que la política de contaminación, de depredación del suelo, de los bosques, la sobreexplotación del mar es lo radical. Lamento que Chile solo exporte materia prima y su suelo. Mi posición es que si cuidamos los suelos, nuestras aguas y nuestros bosques no tendríamos la crisis de extinción como la que tenemos hoy.
¿Cree que los empresarios chilenos actúan sobreideologizadamente?
—No quiero condenar a los empresarios chilenos, pero la gran mayoría —no solo aquí en Chile— quieren ganar plata lo más fácil posible. No quieren trabas laborales, ambientales ni tributarias. Hay que internalizar los costos y no externalizarlos al Estado, al pueblo o a la naturaleza. Eso es algo que entiendo muy bien, porque he estado involucrado en esto toda mi vida. También entiendo bien que existan muchos resentimientos en contra mía, mucha rabia y se creen y crean todo tipo de tácticas para desacreditarme o desprestigiar nuestro proyecto.
¿Es evidente que existen visiones diferentes de desarrollo. La suya y la que el país ha elegido, una economía abierta…
—No estoy hablando de eso, sino de medir la realidad en términos medioambientales, que para mi son más importantes que cualquier otra consideración. Porque sin un planeta sano no vamos a tener ningun gobierno, ningún pueblo, ningún artefacto cultural, ninguna economía. Antes estaremos muertos.
¿No cree en la globalización?
—Yo quiero creer en un sistema que no dañe el medioambiente, por el contrario no creo en uno que está provocando una crisis de extinción. Necesitamos reexaminar este sistema profundamente. No sé por cuanto tiempo continuará esto así y si el empresariado en su conjunto tienen una respuesta estaré muy feliz de conocerla.
Pero nadie quiere dejar de lado el progreso.
—¿Qué es progreso? ¿Los chilenos están capaces de cuestionar este modelo? Pienso que sería buena idea cuestionarlo.
¿Cuál es su opinión de la industria salmonera chilena?
—La industria salmonera chilena está en un camino sin salida. La sociedad chilena está equivocada con este tipo de industria, pues no va a funcionar. En el corto plazo sí, porque van a aprovechar las ventajas de trabajar en aguas limpias, pero después de algunos años descubrirán que han matado todo. Van a fracasar.
¿Cuánto tiempo les da?
—No puedo adivinar, pero pienso que dentro de unos 30 a 50 años la industria colapsará con todas las consecuencias ambientales, sociales y económicas imaginables. La salmonicultura es una bomba de tiempo. Espero que Chile se de cuenta que es mejor dejar su mares y litorales libres de todo tipo de producción artificial e industrial. Así podrían evitar este colapso.
Definitivamente no cree que la industria salmonera es sustentable
—Hasta ahora no he visto ningún indicador que me convenza que es sustentable. No he visto ningún ensayo o informe técnico o científico que compruebe la sustentabilidad de la salmonicultura. En estados Unidos y Canadá la salmonicultura es un desastre de enormes dimensiones.

 



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“Las torres son cien veces más destructivas que las represas” / Enfoque 63, julio de 2011

Con la aprobación de HidroAysén por parte del SEA de Aysén se terminó un proceso que inevitablemente terminará en el Consejo de Ministros del Gobierno. ¿Qué espera del Gobierno?
—Creo que ahora, dada la reacción pública sin precedentes contra el proyecto, el Gobierno se verá obligado —y esperemos que interesado— en escuchar algunas alternativas. Sobre todo porque hay muchas alternativas, especialmente la necesidad de iniciar una política energética seria, tomando la conservación y la eficiencia como primera prioridad, ya que son la forma mas económica y rápida para comenzar a obtener un control sobre el uso de la energía. Hay tantas posibilidades ahora en el mundo, de energía verde, que es totalmente innecesario dar un paso irreversible, construyendo megacentrales en la Patagonia.
Mucha gente ha salido a las calles a protestar en contra de HidroAysén, ¿cuáles cree que son las razones del rechazo, porqué este grado de activismo que no ha sucedido con otros proyectos?
—Ahora hay un público informado, producto de cuatro años de una campaña inteligente y cuidadosamente planificada y es evidente que la gente no quiere ver la Patagonia chilena industrializada y un proceso de evaluación ambiental comprometido. La gente ve que el Estudio de Impacto Ambiental fue una farsa y que fue manipulado políticamente. Esto no trae precisamente orgullo a un proceso democrático y la conciencia colectiva que representa a un público informado no le gustan estas cosas, por lo que es obvio de porqué la gente está descontenta, especialmente los jóvenes.
¿Esperaba tanta efervecencia? ¿Es la ecología, el medio ambiente, una verdadera preocupación ciudadana de parte de los chilenos o es sólo un hecho puntual?
—El movimiento ecologista a nivel mundial y por supuesto que incluye Chile, es imparable. Es decir, ¿alguien piensa que las leyes y reglamentos ambientales van a ser menos estricto en el futuro? Si revisamos el lapso de los últimos 50 años, que es el tiempo en que el movimiento ambiental moderno ha estado en la escena, las cosas han ido en una dirección y sólo en una forma y es que las leyes ambientales y reglamentos cada vez son más estrictos. La tendencia y la dirección son absolutamente claras. Por lo tanto, esto no va a desaparecer, no ha desaparecido durante medio siglo y hay buenas razones de por qué no va a desaparecer ahora. La crisis ambiental es cada vez peor, por lo que el remedio va a tener que ser más fuerte o las consecuencias serán catastróficas. Después de todo, la sociedad industrial nos ha traído la crisis de extinción y el cambio climático global, la acidificación de los océanos, la degradación de suelos en todo el mundo, agua contaminadas por todas partes, la deforestación mundial y una larga lista de otros desastres.

Lo que más nos preocupa es que no hay un plan energético para Chile, ya que si hubiera, HidroAysén nunca se habría contemplado”.


 

¿Qué es lo más grave de HidroAysén: la inundación o las torres?
—Las torres son cien veces más destructivas y dáñinas que las represas mismas.
¿Usted se opone a todo tipo de central hidroeléctrica o sólo a HidroAysén?
—Me opongo a impactos irreversibles donde quiera que se produzcan. Creo que un buen “desarrollo” no se da si es imposible deshacer lo hecho. Aunque toda la generación energética crea algunos impactos, hay muchas formas para reducir los impactos y no hacerlos definitivo. He dicho varias veces que lo que hace que me oponga a este proyecto es que es innecesario y que hay suficiente tiempo y muchas buenas alternativas verdes para utilizar las nuevas tecnologías de energía y mejorar la eficiencia. Las ampolletas LED por citar una tecnología, reduciría la demanda de iluminación de 20 a 1. También se podrían adoptar otras medidas sencillas como que sea obligatorio el colocar en las construcciones doble panel, una buena aislación, y una serie de medidas y tecnologías apropiadas. Como he dicho antes, los países europeos del Norte son el lugar para buscar ideas. También se podría contratar a Amory Lovins de Rocky Mountain Institute en los Estados Unidos que venga a Chile y asesore al Gobierno sobre cómo formar una buena política energética. Sería una manera súper barata para poner fin a estas manifestaciones y encaminar al país en el camino correcto.
Chile es un país deficitario en energía, ¿porqué no usar nuestro potencial hídrico?, finalmente es energía limpia.
—Primero que nada su pregunta contiene una aseveración respecto de la deficiencia de energía de Chile. No creo esto para nada. Quizás la demanda sea demasiado alta, y/o el derroche de energía esté fuera de escala, precisamente por la falta de una buena política energética, como lo he dicho varias veces. Además, las hidro a gran escala en muchos países no son consideradas —desde un punto de vista de su definición— energía limpia. Por lo que la pregunta hay que replantearla. Por ejemplo, en California la definición de energías renovables no incluye plantas hidroeléctricas a gran escala. La razón para eso es que las megarepresas conllevan contaminación de aguas, y grandes líneas de transmisión, lo que deja una tremenda huella de carbono y otros factores e impactos negativos. Las renovables en California son geotérmica, biomasa e hidro a pequeña escala.
Se acusa a HidroAysén que va inundar 6 mil hectáreas de la Patagonia para aportar 2.750 MW, pero un parque eólico con las mismas 6 mil hectáreas no aportaría mas de 500 MW. Una planta solar también necesita más espacio. El impacto de las energías renovables en el entorno es mayor.
—Esa pregunta está tratando el tema en términos demasiado simples y presenta muy pocas alternativas. Es como la típica aseveración que si no haces nuclear, a continuación debes optar por grandes presas o plantas a carbón. Bueno, hay muchas más alternativas. No cabe aquí diseñar un plan de energía para todo Chile, ya esto le corresponde a los especialistas, pero en todo caso la energía solar fotovoltaica en o sobre los techos de cada edificio no ocuparía ningún espacio adicional, por ejemplo, y hacia allá apunta el futuro. Reemplazo de turbinas existentes en muchas de las grandes presas a más eficientes ahorraría tener que construir una de las presas en el Baker por ejemplo. Reducción de la demanda de energía innecesaria producirá ahorros enormes, y la lista sigue. El punto es que hay miles de maneras para ahorrar energía y ser más eficiente y reducir usos frívolos en lugar de destruir un hito y producir daños irreversibles a sistemas fluviales. La lista es larga, muy larga.

El movimiento ecologista a nivel mundial y en Chile, es imparable. ¿Alguien piensa que las leyes y reglamentos ambientales van a ser menos estricto en el futuro?”.


 

¿Es compatible el capitalismo con la protección del medioambiente?
—El capitalismo es una amenaza real para el planeta, de otra manera no tendríamos la crisis de extinción, el calentamiento global, no tendríamos un planeta de barriadas pobres, y una brecha tan grande entre ricos y pobres. No tendríamos la crisis en los océanos, en las tierras agrícolas, de químicos en el ecosistema, y mil otras crisis.
¿Existe otro sistema que dé más garantías?
—Esto no significa, como mucha gente cree, que el comunismo, formas de socialismo o dictaduras sean las respuestas. Probablemente tendríamos problemas similares bajo otros sistemas de Gobierno o modelos económicos.
¿No cree que el capitalismo es el que más permite avances medioambientales, gracias a la innovación, la competencia y el desarrollo de nuevas tecnologías?
—Es un chiste pensar que la innovación, la tecnología, la competencia y el emprendimiento han traído todos los beneficios que sus promotores pretenden. ¿Quién está bromeando a quién? Lo que sí ha traído es una sociedad tecnoindustrial cuya expresión máxima ha sido el cambio climático global. ¿Qué podría ser peor que eso? Lo que necesitamos no es un modelo de desarrollo basado en lo inteligente que se creen los humanos, sino que uno de precaución y de conocer nuestros límites. Es hora de enfrentar el fallido experimento llamado ¨Ilustración¨ y prescindir de la arrogancia del humanismo. Es hora de reexaminar los modelos.
¿Cuál es la razón por la cual decidió vender sus fundos en Pumalín?
—Nosotros hemos estado restaurando fundos en valles estratégicos en el área alrededor de Pumalín por casi 20 años y creo que hemos sido lentos en encontrar compradores, pero ese era el plan original. Ahora que el proyecto Pumalín está próximo a ser donado al Estado y convertirse en un nuevo Parque Nacional —lo que también ha sido la idea desde un principio— es el momento de buscar compradores con mentalidad conservacionista que quieran ser dueños de un fundo restaurado, precioso y rodeado por tierras protegidas. Además, nuestra propia casa no nos está sirviendo, ya que pasamos poco tiempo en ella debido a que nuestro trabajo ha cambiado y pasamos más tiempo en Aysén trabajando en el proyecto Parque Patagonia. Nuestras vidas necesitan estabilidad. Aun cuando por un lado estamos tristes de vender Reñihué, que lo consideramos nuestro lugar favorito en el mundo, desgraciadamente nuestro trabajo ha cambiado de lugar, de centro. Es una decisión muy dura, que se está imponiendo a nuestro pesar, debido a la naturaleza de los proyectos y a la necesidad de estar manos en la obra para dejar un legado del cual nos sintamos orgullosos y que este se haga en el nivel más alto que podamos lograr.

 



Columnas

 

“No esperemos un día despertar y encontrarnos con el desastre total de la acuicultura chilena”

Enfoque 44, marzo de 2008

Una forma de que nos demos cuenta y tomemos conciencia de los efectos que está produciendo la acuicultura industrial chilena —actualmente en rampante expansión— es compararla con el cambio climático. Así como nos ha tomado medio siglo en comprender que el calentamiento global ha sido generado por la acción del hombre, uno puede imaginar cuánto tiempo le tomará a la ciudadanía darse cuenta que la acuicultura industrial está destruyendo la ecología marina y por esta razón nunca será sustentable.

La clase política chilena comienza a comprender el hecho de que la industria acuícola no se comporta como se promociona y una vez más el movimiento social y ambiental chileno han tenido la razón en llamar la atención sobre este tema. En el corto plazo veremos que la industria del salmón será percibida como realmente es: una larga cadena de jaulas como si fueran criaderos flotantes de cerdos.

Son muchos lo efectos negativos de esta industria. Está comprobado científicamente que estas jaulas con salmones provocan un inmenso daño y fuertes impactos sobre la ecología marina, traduciéndose en una sobre eutrofización intencional del suelo marino con excesivos nutrientes y fecas de salmón. También hay que considerar que esta industria se abastece de los peces silvestres para convertirlos en alimentos en forma de pellets. Por otro lado, la acuicultura es un vehículo perfecto para la transmisión de enfermedades, lo que lleva a un uso excesivo de antibióticos, producto de la alta densidad de peces en las jaulas y la falta de control fitosanitario. Además genera contaminación visual y pérdida de valores escénicos. Los salmones escapados, por su parte, son voraces y se alimentan de especies nativas. Vemos con pavor el uso ineficiente de la energía en el transporte de alimentos, el impacto en los pescadores artesanales y las comunidades locales y la dislocación de comunidades costeras, las huelgas de trabajadores debido a las condiciones laborales inseguras reflejadas en una alta tasa de mortalidad en el caso de los buzos. Todo esto forma parte del mismo modelo económico y de desarrollo, pero en cualquier caso es una bomba de tiempo en la economía local e incluso nacional.

Una de las principales defensas que esgrime la industria y la clase política es la “creación de trabajos”. Nuestros líderes políticos y empresariales nunca debieran considerar como positivos trabajos destructivos, pregunto: ¿la Cámara de Comercio permitirá la prostitución? Después de todo las prostitutas son trabajadoras.

Lo que se requiere para impulsar y mantener empleos dignos en el largo plazo no es apoyar una industria que va  a colapsar bajo su propio  modelo muy mal concebido, lo que necesitamos es una vida marina vibrante y natural, donde la naturaleza nos enseña los términos de extracción y donde además contemos con acuciosos controles por parte del Estado, los cuales están visiblemente ausentes hoy en día.

Con estas medidas, tal vez tengamos siquiera una oportunidad de ver una economía más próspera. No esperemos un día cualquiera despertar y encontrarnos con el desastre total de la acuicultura industrial chilena, de la misma  manera como hoy nos encontramos con la amenaza del calentamiento global.

 


 

“Turismo y Conservación, la pareja perfecta”

Enfoque 83, octubre de 2015

La crisis socio-ambiental que se manifiesta de forma evidente en todo el mundo, en especial a través de cambios climáticos abruptos y la extinción de especies, es el grito angustioso de la madre tierra para recuperar el equilibrio ecológico perdido y un llamado a revertir nuestro modo de habitar el planeta. Como humanidad, debemos reconocer y asumir la existencia de límites físicos inevitables y tener en cuenta la capacidad de carga de nuestros ecosistemas, junto con volver a reconocernos como miembros de la comunidad de la vida, que compartimos en conjunto con las demás especies.

Al mismo tiempo la protección de la naturaleza, con su diversidad de ecosistemas, bellos y espectaculares paisajes,  y numerosas especies de plantas y animales endémicos, representan un gran atractivo turístico y una oportunidad única para el desarrollo económico vinculado a las actividades recreativas. El turismo de naturaleza se levanta así como la principal carta de desarrollo del sur-austral de Chile, siendo la Región de Los Lagos, con su oferta de volcanes y lagos, la puerta de entrada obvia a la Patagonia chilena.

Efectivamente aquí nace la Carretera Austral, una espectacular ruta de belleza escénica de 1 240 km hasta el sur de Aysén, que si sumamos las tramos marítimos y terrestres hacia Magallanes,  podríamos hablar de una verdadera Ruta de los Parques de 2 500 km,  hasta el mismo Cabo de Hornos.

Puedo afirmar que los parques nacionales de Chile se encuentran entre los 5 mejores sistemas del mundo, logrando combinar la protección de la naturaleza con la puesta en valor de estos atributos. Todos los años millones de turistas, nacionales y extranjeros, visitan nuestros parques nacionales atraídos por su naturaleza. La buena conservación es la mejor invitación a conocer y aventurarse en estos territorios y una garantía a largo plazo.

Estudios en todo el mundo señalan que los parques nacionales son la mejor inversión, con altísimas tasas de retorno, y beneficio directo y mayoritario para las comunidades aledañas. Por lo anterior, el turismo basado en la conservación de la naturaleza y sus bellezas escénicas, conforman una alianza virtuosa, una “pareja perfecta” que, correctamente gestionadas, combinan exitosamente la protección ambiental de los territorios con el desarrollo económico de las comunidades.

 

 

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