DSC_2444 (1)

Le llaman el último Ramal de Chile. Una línea férrea secundaria que acompaña el cauce del río Maule se desprende desde la red principal. Por sus rieles, un ferrocarril de característicos colores, el amarillo, verde y azul, recorre de mar a cordillera y de cordillera a mar la región del Maule. Por dentro, butacas verdes y viejas, pero bien cuidadas, permiten que se acomoden 80 pasajeros a lo largo de dos vagones.

Estamos en la estación de ferrocarriles de Talca minutos antes de las 10 de la mañana. Suena fuerte el claxon. Es el llamado proveniente del Buscarril, el tren de pasajeros que abordaremos y que conecta pueblos y localidades entre Constitución y Talca. Nuestro destino es Curtiduría —nombre que debe su origen a la faena de curtir el cuero—, donde se está dando inicio a la Fiesta del Chancho que reúne lo mejor de la gastronomía, el folclor y las costumbres maulinas.

A bordo del Buscarril, un joven vestido de huaso de no más de 17 años nos ofrece café de trigo, mientras de fondo nos acompaña el característico sonido del tren haciendo contacto con las vías. Actualmente, son 88 kilómetros los que separan el trayecto entre Talca y Constitución. Nosotros haremos 33. La máquina, en tanto, no supera los 30 kilómetros por hora.

Mientras observamos eternos paisajes de viñedos, verdes cerros pertenecientes a la Cordillera de la Costa, y los ríos Maule, Loncomilla y Claro, el maquinista se acerca a contarnos que el Ramal cumplió 100 años de vida en 2015. Sin embargo, el trazado se fue concretando por tramos en décadas anteriores, siendo el primero de éstos el recorrido entre Talca y Curtiduría, inaugurado en 1892, mientras que los coches fueron introducidos en forma posterior, en 1963, desde Alemania.

Apenas llegamos a Curtiduría, nos encontramos con un espectáculo de cueca al son de la guitarra. También con el breve relato escrito de una escena cotidiana de este pueblo sureño. Dice así: “el paseo de la gente era la estación, y la gente todo el tiempo viajaba, tanto a Talca como Constitución a vender o a comprar. Todos los días había movimiento, y pasaba el carguero a diario cargando sobornales. Esto es, diez sacos de carbón, tres pipas de chicha, cuatro pipas de vino”.

Debido a este clima mercantil, surgieron en Curtiduría grandes negocios llamados pulperías, donde se comercializaban alpargatas, géneros y utensilios de cocina.

El camino hacia la escuela en donde se está desarrollando la Fiesta del Chancho de Curtiduría a la
que hemos sido invitados por Sernatur Maule, toma 15 minutos a pie. Allí vemos casas coloridas de adobe que descansan a los pies de un cielo azul, interminables viñas donde corretean gallos y gallinas, algunas familias y sus perros que salen raudos a recibirnos. También observamos las construcciones que alguna vez fueron bodegas de vino donde se procesaba la uva y se producía su versión dulce, el pipeño, además del tradicional vino seco.

Ya en la fiesta misma se percibe la calidez propia del campo profundo. En la entrada de esta fiesta costumbrista alegres pobladoras locales nos reciben con chicharrones con marraqueta, suculentos trozos de piel chancho y grasa que se derriten en la boca, acompañados de sanco, una pasta hecha a partir del caldo donde se cuece el arrollado de cerdo, al que se le agrega harina tostada y sal.

El mismo adolescente que repartía café de trigo en el ramal, ahora se presenta para bailar en solitario para inaugurar la fiesta, convirtiéndose en la imagen viva del huaso chileno, el de las espuelas y el poncho, el del sombrero y la genuina sonrisa del hombre de campo.

Pronto pasamos al salón principal donde las tradiciones culinarias del Maule se hacen presentes. Las cocineras están empeñadas en que sus preparaciones salgan lo más rápido posible: empanadas, cazuelas de ave y cerdo, prietas, costillar con papas cocidas y queso de cabeza se turnan para salir por la ventanilla de la cocina, todo acompañado de un vino Pipeño año 2016 y un pebre con pan amasado.

El chancho es el protagonista de esta fiesta, la cual comenzó a realizarse apenas unos años antes que su símil de Talca, la Fiesta del Chancho Muerto, que celebró su novena versión tres semanas antes. La gran diferencia es que en Curtiduría no existe la alta cocina, los chefs internacionales ni las variaciones gourmet. El festejo está enfocado en lo campesino y en entregar valor a los emprendedores locales, quienes se preparan para mostrar sus productos a los visitantes que llegan gracias a las salidas exclusivas que el ramal efectúa con fines turísticos.

Más que una fiesta donde se pueda comer, la finalidad de esta fiesta es invitar a los asistentes a empaparse de campo y conocer los productos y costumbres de la zona. Hoy, el último Ramal nos vuelve a transportar 100 años en el pasado. Es sin dudar el espíritu del campo que lo llevó a ser declarado Monumento Histórico Nacional el 25 de mayo del 2007. Nosotros ya somos parte de la historia.

Por: Francisca Opazo y Sebastián Abeliuk

Inscríbete a nuestro newsletter

Recibe semanalmente nuestra última edición + beneficios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*