Como queriendo desafiar nuestra orientación, el trekking hacia el cerro Altos de Chicauma solo regala dos indicadores claros para dar con el punto de inicio: un portón azul y una enorme estructura metálica blanca y esférica visible incluso desde la carretera, que llama la atención por su parecido a las ruedas giratorias de los hámsteres. Casi como un secreto a voces entre los amantes del outdoor, esta cadena montañosa es uno de los sitios más asombrosos para explorar en esta parte de la Cordillera de la Costa, que está a solo 45 minutos en auto de Santiago, cerca de Lampa.

Esta vez nuestro plan comprende alcanzar la misteriosa Laguna del Inca, un ojo de agua oculto en un llano a dos mil metros de altura. Por delante hay diez horas y media de caminata, con diferentes grados de dificultad, debido a que existe una considerable distancia de ocho kilómetros entre el camino Chicauma (ruta que une Lampa con Polpaico) y los pies de la montaña, trayecto que se hace a pie.


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La llegada al punto de partida

El predio al cual accedemos forma parte de una cadena montañosa denominada El Roble, que abarca 88 mil hectáreas de terreno. Para llegar, lo ideal es tomar la autopista Vespucio Norte hasta conectar con el camino Lo Echevers, en la comuna de Quilicura, para viajar luego en dirección a Lampa. Pasada esta localidad, hacia el norte, el puente Chicauma (casi todo en esta zona lleva ese nombre) nos indica que estamos a unos tres o cuatro kilómetros del trekking, con el portón azul a mano izquierda.   

Sin un plan, pero con la intención de descubrir nuevas rutas, decidimos hacer los Altos de Chicauma durante un día soleado, ideal para ver la laguna con agua y algo de nieve en las montañas.

La aparición del COVID-19 este 2020 va a obligar a los turistas a planear rutas cercanas y aisladas en una primera etapa de reapertura. Por ello el trekking hacia Altos de Chicauma asoma con una buena alternativa para salir de Santiago de forma segura, al aire libre, y permitiendo la práctica deportiva.

Durante estos tiempos de pandemia, los amantes del senderismo en la capital buscarán lugares cercanos a la ciudad para explorar. Altos de Chicauma aparece como un objetivo al alcance de todos ideal para mantener el distanciamiento social.

La ruta inicial de trekking

Ideal es estar allí temprano. En nuestro caso, a las ocho de la mañana ya iniciamos la caminata por un terreno ancho y semiplano bien demarcado, por el cual se camina sin ningún tipo de dificultad. Serán, en definitiva, dos horas caminando (8km) de esta forma, hasta llegar a la base del cerro. Es un sector frecuentado por ciclistas, motoristas y runners. Abunda la vegetación de baja y mediana altura, con litres, espinos y quillayes. En cuanto a la fauna, si bien no es abundante, se pueden observar distintas especies de lagartijas y oír el canto de las turcas, un ave de color café endémica de Chile. A lo lejos, se vislumbran algunas cumbre que en época invernal aún lucen el blanco de la nieve.

Es importante seguir siempre por el camino principal, pues la nula señalética ha sido responsable de que algunos senderistas se desorienten. La primera interrogante la plantea una bifurcación en «Y», no mucho antes de la base del cerro. El camino de la izquierda conduce hacia un riachuelo, por lo que el sendero a seguir es el de la derecha.


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El desafío hacia la cumbre

Poco más allá nos comenzamos a preparar para el desafío: el ascenso hacia la Laguna del Ince, en medio de un bosque de robles de Santiago, una especie endémica que subsiste en las regiones de Valparaíos, O´Higgins y Metropolitana. Se teme que puedan extinguirse en las próximas seis décadas producto de la escasez de lluvias, aunque sobreviven hoy gracias a que reciben constante sombra en la ladera sur de los cerros y humedad costera. Tras una hora por un sendero angosto, medianamente empinado, pero seguro, se alcanza una primera planicie, pequeña, ideal para descansar e hidratarse.

La especie de roble que se observan durante el ascenso son endémicos de algunas regiones de la zona central de Chile. 

Alcanzar la cima

Al adentrarse en lo que parece ser un interminable bosque de robles grisáceos en la ladera sur de la montaña, devorado por sombra de manera permanente, sorprende un hermoso ejemplar de más de 20 metros de altura, dos de ancho y una enorme ranura en el centro, que habla de su antigüedad. No quedan muchos con estas características, aunque han sido lentamente reemplazados por ejemplares jóvenes. De aquí en adelante, la ruta se vuelve más empinada (se recomienda el uso de bastones) y la densidad del bosque no permite distinguir la cumbre de Altos de Chicauma, aunque muchas veces se abren paso vistas espectaculares del valle de Santiago y la Cordillera de los Andes. Incluso, en un día despejado, se puede ver la cumbre del Aconcagua.

Tras una hora de trekking aproximadamente, asoman los primeros rastros de nieve y hielo. Es señal de que se está cerca del término del bosque de robles y de la aparición, una vez más, de los rayos del sol tras dejar definitivamente atrás la sombra de los árboles. En breve, el paisaje cambia drásticamente: aparece la estepa de media montaña, desaparecen los altos árboles y ya se puede vislumbrar la cima. Es también una zona que suelen utilizar arrieros para armar sus campamentos, pues se observa una fogata extinta y algunas ollas. Aquí se hace muy importante el uso de zapatos de trekking adecuados, con una suela que permita buen agarre. Esto, porque en temporada de invierno y hasta mediados de la primavera hay que caminar sobre nieve sólida, pero tan áspera que puede llegar a cortar la piel.

La tranquilidad en la cima

Ubicada en una enorme meseta a dos mil metros de altura, la Laguna del Inca suele desaparecer en época de verano, pues se alimenta de aguas lluvia y derretimiento de nieve, lo que le da su color turbio. Durante el recorrido, pudimos observar que su tamaño tenía dimensiones cercanas a los 250 metros de largo por 100 de ancho. Nos llamó la atención además la ausencia de vida en sus aguas. La planicie donde está la laguna se caracteriza por la presencia de enormes rocas y vegetación amarillenta, con abundancia de quillayes. Es un lugar silencioso y tranquilo: quienes llegan hasta acá suelen quedarse un buen rato justamente de eso. También se puede acampar, si las condiciones climáticas acompañan.

A diferencia de los otros cerros característicos en las cercanías de la capital, como el Provincia o el Cerro El Roble, el Altos de Chicauma aún posee esa magia de los sitios desconocidos y, realmente, se trata de una cima con escasa presencia humana.

La bajada transcurre por la misma ruta, por sobre terreno nevado primero, y luego entremedio de robles que en estas fechas carenen de hojas, para finalmente alcanzar a paso firme la recta final hasta la carretera, antes de que caiga la noche, un trayecto que nos tarda cuatro horas y media en retornar al portón azul en el punto de partida.

 

3 comentarios

    1. Ayer sábado 4 de septiembre subí , 7 horas me tomó cargando una bicicleta para luego descender por otro cerro con una cuesta . Exelente aventura

  1. Muy buena información, pero, es necesario asistir a estos lugares con un perro? Es más que sabido la la cantidad de problemas que traen consigo las mascotas en ambientes naturales…

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