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Los recientes hallazgos de restos humanos pertenecientes a las culturas Molle y Diaguita en la región de Coquimbo y de herramientas presumiblemente usadas por seres humanos que habitaron la ciudad de Osorno hace más de 14 000 años, revelan que el territorio chileno tiene una presencia humana tan contrastante como sorprendente. Hasta hoy, el yacimiento arqueológico de Monte Verde en las cercanías de Puerto Montt es reconocido por la comunidad científica mundial como el asentamiento humano más antiguo de América. Con una data aproximada de 18 500 años Monte Verde derribó la entonces teoría del poblamiento americano que fechaba la llegada del hombre al nuevo mundo hace 12 500 años antes del presente. Hasta hoy, las excepcionales momias de la cultura Chinchorro son las más antiguas del mundo, con un registro de seis mil años doblan en antigüedad a las momias egipcias. Hasta hoy, se sabe que hace 9 mil años llegaron provenientes de Argentina los primeros pobladores de la Patagonia, quienes plasmaron parte de su cosmovisión en los muros de los aleros rocosos que habitaban, evidenciando una alta complejidad ideológica. Todos ellos se levantan como los primeros habitantes del territorio que hoy denominamos Chile. Científicos y expertos nos develan la historia de los primeros chilenos.  Por Carolina Aicardi y Humberto Merino

Fue hace decenas de miles de años atrás cuando todo comenzó. Algunos dicen que más de 33 mil, pero no es posible saberlo con exactitud. Ni la ciencia, ni la mitología, ni la religión han podido dar cuenta exacta de cuándo, cómo y desde dónde comenzó a poblarse América, quiénes fueron sus primeros habitantes y cómo poblaron el resto del continente. Más difícil resulta aún precisar entonces los orígenes en torno a los primeros habitantes de nuestro territorio.

Y es que a la luz de las ciencias, en gran medida el proceso investigativo rara vez cierra más puertas de las que abre, por tanto, de lo poco que podemos estar seguros es que a pesar de la gran cantidad de científicos dedicados a la investigación del poblamiento de América, las preguntas están lejos de ser respondidas y ya no basta con que sean simples enunciaciones de cómo o cuándo se pobló el continente o desde dónde, sino que se han complejizado en cuestionamientos mucho más sofisticados como por ejemplo ¿cuál fue el ritmo al que se pobló el continente?, ¿hubo intentos fallidos?, o ¿qué rutas se utilizaron y fueron los mismos grupos de hombres en las mismas rutas, o esto varió en el tiempo?

A pesar de las dudas el conocimiento científico actual nos permite comprender a grandes rasgos los procesos asociados al poblamiento aproximándonos a las dinámicas de los movimientos migratorios que dieron origen a la antigua ocupación del continente.

Tanto en América del Norte como en América del Sur se han encontrado distintos sitios arqueológicos con fechas cercanas a los 15 mil años antes del presente, lo que sitúa la fecha de ocupación del continente para momentos anteriores a éste. En tanto, los hallazgos más antiguos en Chile tienen una edad cercana a los 18 500 años atrás. Se trata de Monte Verde, el asentamiento humano más antiguo descubierto hasta ahora en toda América, el que está ubicado en las cercanías de la ciudad de Puerto Montt.

Por casi 70 años, por consenso científico, se consideró que la cultura Clovis fue la primera en habitar América. Datada entre 12 910 a 12 710 años antes del presente se asentó en la mayor parte de Norteamérica y era la prueba del poblamiento humano tardío desde Asia por el Estrecho de Bering. Sin embargo, en 1997, luego de la verificación de sus datos por un grupo de científicos a nivel mundial, se reconoció a Monte Verde como uno de los sitios más antiguos de América habitado por seres humanos. El sitio chileno puso fin al Consenso de Clovis y dio sustento a ideas como la del poblamiento temprano.

El arqueólogo norteamericano Tom Dillehay, junto a su colega chileno Dr Mario Pino, estuvieron a cargo de las investigaciones por más de 15 años. En 2013 Dillehay volvió a visitar el lugar para realizar nuevas excavaciones en el sitio (llamado Monte Verde II) y otro más antiguo (Monte Verde I), que les permitió descubrir que el asentamiento es al menos 4 mil años más antiguo de lo que habían determinado (14 500 a 18 500 años AP) y que fue utilizado como lugar de paso, muy probablemente en verano.

Hay distintas teorías que explican la existencia, arribo y dispersión de los primeros grupos de hombres en nuestro territorio, pero los especialistas concuerdan que Chile, al ser un país de contrastes geográficos, debió haber sido poblado desde distintos sectores.


A pesar de los espectacular del sitio de Monte Verde, los restos óseos humanos más antiguos encontrados en nuestro país hasta el día de hoy fueron hallados en la zona de Tagua-Tagua en la Sexta Región, los que tienen una data que supera los 8 000 años. La ubicación precisa de este complejo se encuentra en el sector denominado La Laguna, y los objetos encontrados (restos de mastodontes, ciervos y caballos americanos) han sido datados en una edad aproximada a los 10 000 años. El cementerio de Cuchipuy conserva osamentas humanas cuya antigüedad es de 8 070 años, en tanto que el de Santa Inés presenta restos de 5 000 años. Nuevas investigaciones en el sector indicarían que Cuchipuy no sólo fue una necrópolis, sino que además pudo haber servido de habitación. Asimismo los científicos, analizaron elementos líticos y objetos óseos, que dieron a conocer el nivel de desarrollo de sus habitantes y algunas de sus costumbres, como por ejemplo, que en un principio fueron cazadores recolectores.

Otro grupo humano de gran antigüedad en Chile son los pescadores y cazadores recolectores de la cultura Chinchorro, quienes habitaron la costa del Desierto de Atacama desde Ilo en Perú por el norte, hasta Antofagasta por el sur, durante el 7 020 al 1 500 antes de Cristo. Esta cultura es reconocida a nivel mundial por sus excepcionales ritos funerarios, siendo los primeros humanos en momificar artificialmente a sus muertos. Los expertos aseguran que los Chinchorro no desaparecieron misteriosamente, sus descendientes continuaron viviendo y floreciendo en la costa del Pacifico, lo que si cambio fue la complejidad de su sistema político y social. Hacia el 1 700 años antes de nuestra era Cristiana abandonaron la práctica de la momificación artificial.

Más al sur, en la Patagonia, los asentamientos humanos mas antiguos datan de más de 8 600 años, como parecen afirmarlo muchos de los yacimientos arqueológicos hallados en el extremo sur de Argentina. Hallazgos de puntas de piedra, raspadores y rastros de alimentación humana, descubiertos por el arqueólogo estadounidense J. Bird, fueron analizados posteriormente con carbono radioactivo, dando como resultado 8.649 años de antigüedad. El yacimiento fue encontrado en el extremo sur patagónico no lejos del estrecho de Magallanes. En los archipiélagos fueguinos la presencia humana es más tardía. Aparentemente el grueso de esa migración llegó por vía marítima a través del Pacífico.

El arqueólogo norteamericano Tom Dillehay, en el sitio de Monte Verde.
Excavaciones realizadas por el arqueólogo norteamericano Tom Dillehay, confirman que el sitio de Monte Verde tiene una data cercana a los 18 500 años. Es considerado el yacimiento arqueólogico más antiguo de América. / Foto: Francisco Nengroni.
Poblamiento inicial

Hay distintas teorías que explican la existencia, arribo y dispersión de los primeros grupos de hombres en nuestro territorio, pero los especialistas concuerdan que Chile, al ser un país de contrastes geográficos, debió haber sido poblado desde distintos sectores. El Dr. César Méndez Melgar, arqueólogo y académico del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile, asegura que no hubo sólo un episodio de poblamiento, sino que varios y simultáneos. «Mientras que el centro de Chile parece haber sido poblado con gente que se desplazó desde el norte, la Patagonia debió haberse poblado desde el oriente con poblaciones humanas que ya estaban ocupando áreas en Argentina», dice Méndez, afirmando que la evidencia genética así lo respalda y la arqueológica un poco menos.

Gran parte de la discusión hoy radica en si estas rutas fueron interiores o costeras, y es probable que estos grupos no necesariamente seleccionarán preferencialmente unos de otros ambientes hace 12 900 años como lo sugiere la evidencia que conecta áreas interiores y costeras. Sólo hace 11 000 años se observan consistentes evidencias de gente con marcadas rutas de movilidad que diferencian costa e interior o que sugieren que se privilegiaría unos u otros espacios.

Entonces, no se trata que estos cazadores recolectores arribaran especialmente a este territorio, no es una migración en el sentido clásico de la palabra, no cuentan con un inicio y un destino, es más bien el efecto de los patrones de movilidad de los cazadores recolectores que fueron siguiendo quizás a las poblaciones de herbívoros que también comenzaron a poblar América en ese tiempo.

En términos de eventos climáticos, el poblamiento de gran parte de Chile sucedió durante La Reversión Fría Huelmo-Mascardi que se extendió entre 13 400 y 11 500 años atrás.

Para Max Hubbe, Bio-antropólogo y profesor asociado del Instituto de Investigaciones Arqueológicas de la Universidad Católica del Norte lo más probable es que la ocupación inicial del continente ocurrió un poco antes del último máximo glacial, cuando los océanos se encontraban muy abajo del nivel actual. «Sin embargo, al momento de su entrada, el continente americano todavía no estaba unido al asiático por el estrecho de Bering, entonces necesariamente esos primeros grupos tuvieron que navegar hacia aquí, cruzando por el estrecho de Bering. Pero en ningún caso hay evidencia de que ellos cruzaron el Pacífico», acota.

En Chile no se dio una migración en el sentido clásico de la palabra, no existe un inicio y un destino, es más bien el efecto de patrones de movilidad típico de primitivos cazadores recolectores.


Organización social

Resulta interesante precisar que durante el poblamiento inicial no hubo ningún asentamiento semipermanente o permanente. Todas las ocupaciones humanas en Chile y Sudamérica apoyan gran nivel de movilidad residencial, cortas visitas en los lugares, son sitios arqueológicos que acusan lapsos de ocupación breves a muy breves. Asimismo, los periodos de estadía fueron distintos de acuerdo a la disponibilidad de recursos, las necesidades de interacción social y el clima. Sin embargo, asentamientos más permanentes son vistos en las costas del territorio, pero solamente a partir de los 10 mil años antes del presente, Cultura Chinchorros y Los Conchales, por ejemplo.

Marcelo Santander, Conservador del Museo de Colchagua de Santa Cruz, lo explica así: «el hombre pasa por periodos diferentes que lo ubican inicialmente en el Paleoindio, un estadio de caza recolección que lo obliga a vivir en una situación de permanente nomadismo desplazándose detrás del alimento. Paulatinamente, y para hacerlo muy simple, se va especializando, generando movimientos más estacionales que lo circunscriben a un territorio determinado durante el Periodo Arcaico, para finalmente, en el Periodo Agroalfarero, hacerse sedentario experimentando un gran salto con la domesticación de plantas y animales».

El hombre de este periodo en el territorio nacional se organizó socialmente en bandas, recorrían el territorio en pequeñas unidades con lazos familiares cercanos. No sobrepasaban los 30 individuos; es decir, unas dos o tres familias nucleares (padre, madre e hijos). En ocasiones se sumaba a otras debido a ciertas necesidades, tales como la caza de animales de gran tamaño, o a ciertas casualidades, como la varazón de una ballena en una playa. Eran nómades, pero tenían un territorio más o menos delimitado que recorrían siguiendo las estaciones del año. Desde el punto de vista social, las bandas eran igualitarias; solo tenían diferencia de estatus o posición al interior del grupo, las que se reflejaban en determinadas normas de conducta. Carecían de toda especialización laboral, pero las labores estaban organizadas por sexo y edad. El tamaño reducido de éstas involucró la necesidad de mantenerse en relativo contacto con otras unidades familiares similares, lo que se logró a partir de desarrollar grandes circuitos de movilidad, no permaneciendo en un lugar más de poco tiempo, aclara Méndez.

Luis Cornejo arqueólogo, curador del Museo Chileno de Arte Precolombino y profesor de Antropología de la Universidad de Chile asegura que es difícil precisar qué tipo de organización social tenían estos grupos. Aunque todas la evidencias indican que podría tratarse sociedades basadas en las familias extendidas, que cada cierto tiempo se reunirían con otras bandas cercanas con motivos festivos o ceremoniales.

Sobre la ideología realmente se sabe casi nada, aunque es probable que los animales ocuparan un lugar importante en ella. Sin embargo, hay algunos sitios que muestran que eran grupos de gran complejidad ideológica, como los Chichorros en el Norte que presentaban una sorprendente complejidad en el tratamiento de los muertos, mostrando el desarrollo de cosmovisiones refinadas.

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Los primeros chilenos se organizaban socialmente en bandas, eran nómades que recorrían el territorio en pequeñas grupos familiares en busca de animales, plantas y condiciones climáticas adecuadas para asentarse. / Ilustración: Marisa Polenta.
El Paleoambiente

Al igual que hoy, el paleoambiente de Chile en esta época estaba constituido por diferentes tipos de clima y flora y fauna, dependiendo de la zona. Por ejemplo, existen evidencias paleoecológicas en el Desierto de Atacama que demuestran que hubo condiciones climáticas considerablemente más húmedas hacia fines del Pleistoceno y comienzos del Holoceno (13 800 – 9 500 años antes del presente), así lo explica el antropólogo Calogero Santoro, Director del Centro de Investigaciones del Hombre en el Desierto, del Instituto de Alta Investigación de la Universidad de Tarapacá: «Este aumento en las precipitaciones generó una mayor disponibilidad de biomasa de plantas y animales, sobre todo en el margen superior del desierto, en la precordillera andina. Por lo tanto, es probable que una franja de lo que hoy es desierto absoluto fue más favorable para incursiones humanas a partir de los 14.000 años».

En tanto el centro-sur de Chile, se presentaba un clima de bosque húmedo subantártico de condiciones climáticas frías con alta precipitación que contenía los recursos necesarios y suficientes para que una población humana pleistocénica se asentara allí, con una economía dirigida en forma principal hacia la recolección de plantas y reforzada por la caza de grandes animales.

Conocimiento y creencias

¿Es posible deducir si poseían algún tipo de conocimiento sofisticado? De hecho sí. En Siberia, cuenta el Dr. Méndez, lugar desde donde se cree pasaron todos los antecesores americanos, hay evidencias que sugieren los seres humanos observaban aves migratorias en su traslado en vuelo y las materializaban en ornamentos móviles manufacturados en hueso. Ello, junto a posibles calendarios u objetos con marcas de cuentas repetitivas, apoya la idea que existía un interés en los fenómenos ecológicos y calendáricos.

Lamentablemente, no es posible saber en qué creían o si desarrollaron sistemas de pensamiento y creencia, ya que al menos el tipo de registro arqueológico asociado a estas poblaciones no lo permite en el estado actual del conocimiento. Lo que sin duda es posible concluir es que descubrieron y desarrollaron grandes tecnologías.

De hecho gran parte de la información con la que contamos es con la tecnología lítica y ósea, o instrumentos de piedra y hueso que eran los componentes principales de la tecnología que sobrevivieron el paso del tiempo. Se asume que estos grupos contaron con tecnología de cestería, cordelería y maderas, pero este tipo de evidencias son más escasas en los sitios arqueológicos de baja conservación.

El arqueólogo Luis Cornejo precisa que las tecnologías de estos grupos les permitieron extraer todo lo necesario del medioambiente; la más conocida, por su perdurabilidad, es la que está basada en la piedra tallada utilizada para fabricar herramientas y armas, mientras que el bio-antropólogo Max Hubbe, señala que a consecuencia de que estos grupos antiguos tuvieron que adaptarse a los medios en que se establecieron, crearon tecnología relativamente sencilla, hasta el surgimiento de la agricultura entre 8 mil y 3 mil años antes del presente.

Existe la posibilidad de que se produjera mestizaje entre estas culturas prehistóricas. Evidencias biológicas de ADN mitocondrial permite suponer que estas poblaciones mantenían permanentes contactos con sus vecinos.


Mestizaje Cultural

Resulta difícil para la arqueología establecer cuántos años vivió cada una de estas culturas o trazar su destino final. Los cortes temporales que realizan los arqueólogos son sólo divisiones arbitrarias para explicar fenómenos materiales, no son interrupciones reales en el desarrollo de los pueblos humanos, por tanto, resulta casi imposible saber si desaparecieron del todo.

Frente a esta discusión, existe la posibilidad de que se produjera mestizaje entre estas culturas prehistóricas. Es la antropología biológica la que ha jugado un rol fundamental en estas materias, acota el Dr. Méndez: De hecho la evidencia biológica de ADN mitocondrial sí permite hablar de distintos flujos poblacionales ingresando a América. Las posibilidades de intercambio genético fueron muchas, además estas poblaciones mantenían permanentes contactos con sus vecinos. La noción de territorialidad, tal como la actual no existía. Incluso es posible reconocer vinculaciones culturales de estos asentamientos con otros sitios arqueológicos contemporáneos de Chile, todo sobre la base de ciertos indicadores como tipos de rocas usadas en la confección de instrumentos, por ejemplo.

«Es posible que gran parte de las primeras evidencias por región sean representativas de instancias fallidas en procesos colonizadores en escala amplia. Muchas de las agrupaciones humanas deben haber colapsado y no haber sido sino mal adaptaciones o caminos sin retorno». concluye César Méndez.

Con ello, resulta innegable que los primeros pobladores del territorio son antecedentes de las poblaciones posteriores. Fueron cambiando hasta convertirse en los actuales grupos indígenas americanos. Por tanto, genéticamente, es posible que muchos de los descendientes de los primeros americanos estén entre nosotros.

 

Los hallazgos de osamentas pertenecientes a la cultura Diaguita en las cercanías de Coquimbo permitirían obtener nuevos antecedentes respecto de la forma de vida de estas culturas prehispánicas. / Foto: MOP

 

Los nuevos hallazgos

No es fácil para los arqueólogos encontrar restos óseos humanos. De ahí que los recientes descubrimientos de 70 restos humanos correspondientes a la cultura Diaguita en las cercanías de Coquimbo, sea todo un acontecimiento para comunidad científica chilena, cuyos investigadores a cargo de las investigaciones sostienen que hasta ahora no se había dimensionado la importancia que estos hallazgos revestían.

Patricia González y Gabriel Cantarutti son los arqueólogos a cargo de la investigación, y señalan que en base a sus análisis, todo indica que los restos incluso permitirían obtener nuevos antecedentes respecto de la forma de vida de estas culturas prehispánicas, pudiendo cambiar las fechas de los periodos en los que se desarrollaron.

“Tenemos un componente importante funerario, es decir, un cementerio, pero además tenemos zonas habitacionales, conchales, fogones, pisos de habitación, inicio de estructuras habitacionales, áreas de actividad, como por ejemplo lugares donde fabricaron herramientas. Es una enorme oportunidad de llenar un vacío que tiene la prehistoria regional en cuanto a la vida cotidiana de los diaguitas”, especificó González.

La profesional indica que actualmente se sabe mucho de aspectos como su cerámica y decoración, que siempre ha sido llamativa por su belleza, “pero en esta oportunidad tenemos la opción de conocer lo cotidiano, la alimentación, los modos de producción. Además, con esta enorme cantidad de evidencia funeraria, vamos a poder profundizar en la sociedad diaguita en general, o sea, la organización social, la jerarquía, tenemos un campo abierto”.

Los especialistas plantean que este sitio, denominado El Olívar, tendría una extensión aproximada de 25 hectáreas, por lo cual no descartan que se puedan encontrar más vestigios en los alrededores del terreno en estudio, que abarca 380 metros de largo por 50 de ancho.

Hasta la fecha, en el área funeraria del hallazgo, han encontrado 70 restos humanos correspondientes en su mayoría a adultos y también de 12 camélidos. Junto a ello, se han identificado zonas de actividades ceremoniales, domésticas y de conchales, con presencia de objetos cotidianos, particularmente de correspondientes a las culturas Molle, Las Ánimas, Diaguita y Diaguita-Inca, que se desarrollaron entre los años 200 y 1536.

En Osorno, un grupo de arqueólogos y antropólogos hallaron en una excavación varias piedras que, según sus investigaciones, son herramientas creadas y usadas por seres humanos que habitaron el lugar hace más de 14 000 años.


Más al sur, a más de 1 500 kilómetros de distancia, en el hermoso paso fronterizo de Vuriloche, que conecta el Valle Esperanza, en la comuna de Puerto Varas, con el sector de Pampa Linda en Argentina, se está desarrollando un proyecto de prospección arqueológica liderado por el arqueólogo norteamericano Tom Dillehay, en conjunto con la Fundación Monte Verde,  la Universidad Austral de Chile y la empresa Petrohué Lodge. Las investigaciones están orientadas a encontrar presencia de ocupación temprana contemporánea a los habitantes de Monte Verde. Esta ruta ha sido utilizada por siglos para cruzar desde el Océano Pacifico al sector de la Patagonia norte de Argentina, pasando por el lado sur del Volcán Tronador que es la montaña más alta de la región. Tom Dillehay, destacó que “nosotros estamos esperando encontrar no sólo evidencia del hombre temprano en la zona quizás 10 mil años, también estamos buscando evidencia de los otros miles de años de movimiento de gente por el Paso Río Blanco y la Ruta de Los Jesuitas, también está representando el periodo colonial, pre colonial y prehispánico”. Dillehay explicó que “el espíritu de este proyecto científico es tratar de entender mejor la relación entre la gente, este medio ambiente de los Andes, los lagos, el mar y al otro lado en Argentina. El proyecto, además, busca unir ciencia y turismo a partir del fomento del valor arqueológico del valle, para así transformar esta ruta en un trekking de calidad internacional.

A menos de 200 kilómetros al norte del Paso Vuriloche, en el sector de Pilauco Bajo en la ciudad de Osorno, un grupo de arqueólogos y antropólogos chilenos, liderados por el geólogo Dr. Mario Pino, han hallado en una excavación varias piedras que, según sus investigaciones, son herramientas creadas y usadas por seres humanos que habitaron el lugar hace más de 14 000 años. El hallazgo tuvo lugar de manera accidental mientras un grupo de paleontólogos estudiaban los restos fosilizados de gonfoterios que habitaron la zona y que presumiblemente eran cazados por comunidades humanas.

Según las primeras hipótesis, las herramientas encontradas, como piedras esféricas, que presumiblemente se usaban como proyectiles tirados por hondas, herramientas y armas creadas en vidrio volcánico y trozos de madera, presentan tres marcas hechas por humanos, lo que hacen suponer a los científicos que Pilauco fue habitado por personas, más o menos al mismo tiempo que Monte Verde. La cantidad y diversidad de huesos de fauna hallados en el sitio sugieren al Dr. Mario Pino que Pilauco “bien pudo ser un lugar de cacería o una especie de matadero o carnicería, y Monte Verde un asentamiento humano”.

La existencia de grupos humanos también estaría siendo corroborada con el reciente descubrimiento de dos cuevas ubicadas a unos 500 metros del lugar. “Estas cuevas no tienen por qué dar a entender que estos habitantes vivían en ellas a diario. Es posible que solo hayan servido como refugio o para llevar a efecto algunas actividades particulares”, aclara el Dr. Mario Pino, que ha diferencia de la comunidad científica internacional, ha sido enfático en valorar la importancia del sitio de Pilauco. “Sabemos muy poco del hombre que habitó esta zona hace 14 o 15 mil años y las únicas referencias hacen alusión a Monte Verde, por lo que todos los artefactos hallados hasta la fecha, podrían cambiar los antecedentes que manejamos sobre la vida de los hombres en esta zona”, afirma el geólogo de la Universidad Austral de Chile.

Para validar estas hipótesis, los investigadores recurrieron al antropólogo francés de la Universidad Paris X – Nanterre quien confirmó que las herramientas fueron hechas por humanos. A partir de ahora, los científicos analizarán con microscopios las muestras encontradas para así tener una mayor certeza de sus resultados.

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