Uno de los mayores problemas de las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) de carácter solar en el mundo es su condición de ser energía intermitente, al generarse solo de forma diurna. El proyecto de los chilenos Francisco Torrealba y Juan Andrés Camus, cofundadores de la empresa Valhalla, lo solucionó.
Se trata del Espejo de Tarapacá, una central hidráulica de bombeo ubicada a 100 kilómetros al sur de Iquique, que podría entrar en operaciones en 2020. En el fondo la planta extrae agua del mar y la almacena en una concavidad natural a 600 metros de altura. Durante la noche, esas aguas almacenadas se dejan caer al mar y pasan por unas turbinas que generan electricidad. Resultado: día y noche se producirá energía, sin interrupciones.
Tras su presentación en el Congreso Futuro, conversamos con el economista Francisco Torrealba, los detalles de su proyecto el que considera de revolucionario: Espejo de Tarapacá producirá la ERNC continua más económica del mundo, solo posible gracias a las características geográficas del desierto chileno. Además, se refirió a la relación del proyecto con las comunidades aledañas y los desafíos del nuevo ministerio de Ciencia y Tecnología.
¿Por qué en el desierto chileno es más barata la energía solar que en el resto del mundo?
—Se da por varios factores. El desierto tiene la menor humedad ambiental del mundo. Es realmente seco, no llueve nunca, y además está en altura. Esas dos cosas hacen que una planta solar en el desierto de Atacama tenga un factor de planta —la energía real generada durante un periodo de tiempo— funcionando aproximadamente un 33% del tiempo, contra una planta solar en Alemania que funciona el 10 o 15% del tiempo. Chile es mejor que cualquier otro país del mundo por un 10 o 15%. Parece que no es mucho, pero en el sector eléctrico es un porcentaje gigantesco.
¿Cómo se gestó Espejos de Tarapacá?
—Fue todo a nivel de estudiante. Estábamos con Juan Andrés Camus (el otro co fundador) en la universidad de Stanford, que está en Silicon Valley; un lugar siempre lleno de ideas y donde la gente siempre está haciendo cosas. Gran parte de las empresas tecnológicas han nacido en Silicon Valley o en Stanford. Y nosotros, siendo chilenos y mirando a Chile desde California, nos preguntamos cuales son los grandes desafíos que tiene el país y cuáles son las grandes oportunidades. Porque si está el desafío y no está la oportunidad, no tiene sentido. Y el desafío estaba en que Chile tenía energía extremadamente cara y a la vez el mejor desierto solar del mundo. Entonces, ¿cómo compatibilizar aquello? Al principio nos dimos cuenta de que el desafío no estaba en la energía solar sino que estaba en el almacenamiento. Porque si uno va donde un cliente minero y le dice “oye, te tengo la energía más barata del mundo”, me dirían: “Ya, excelente. ¿Pero me la va a entregar todo el día?”, pues no, le contestaría. “Ok, fuera. La energía intermitente no me sirve”.

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Francisco Torrealba: “Chile es mejor que cualquier otro país del mundo en generar energía solar a bajo costo”


 

Y el sistema hidráulico de bombeo surgió entonces a partir de esa necesidad.
—Exacto. Vinimos para Chile y hablamos con potenciales clientes industriales y todos nos decían que les encantaba nuestra idea, de energía verde y todo eso, pero que tenía que ser competitiva —pues no nos iban a comprar energía más cara—, y segundo, tenía que ser energía continua. “Entonces vuelve cuando tengas una solución de energía continua”, nos dijeron. Ahí empezamos a evaluar distintos sistemas de almacenamiento. Uno es el que tienen las baterías de litio, que van a ser muy buenas en el futuro, pero todavía son caras para generación eléctrica. Y finalmente, llegamos a esta tecnología (sistema de bombeo) que tiene más de cien años, pero nosotros la estamos haciendo distinta. Estamos aprovechando la geografía, estamos haciéndola extremadamente barata y competitiva.
Explícanos como funciona el sistema hidráulico de bombeo.
—La parte de la generación eléctrica es con una planta solar fotovoltaica. Eso está en el norte de Chile. Es gigantesca, mucha energía. Durante el día, parte de esa energía, aproximadamente un 50%, se va al consumidor final, por ejemplo a Santiago. Y el otro 50% se almacena. Y aquí viene el cómo se almacena. Tu teléfono también es un sistema de almacenamiento, pero muy pequeño. Nuestros sistema de almacenamiento en vez de ser químicos (como los celulares con una batería de litio), es por medio de agua. Lo que hacemos, cuando tenemos energía disponible —que es la energía solar durante el día—sacamos agua del mar con bombas hidraúlicas y la levantamos a 600 metros de altura. Y la dejamos ahí, hasta que durante la noche por su propio peso empieza a caer, y luego el agua pasa por una turbina que genera la electricidad. Es un sistema de almacenamiento un poco extraño pero funciona exactamente igual que tu teléfono. Tú tienes que cargarlo y después lo descargas. Cargarlo y descargarlo.

“Sacamos agua del mar con bombas hidraúlicas y la levantamos a 600 metros de altura. La dejamos caer para que pase por una turbina que genera la electricidad. Después funciona  igual que tu teléfono. Se descarga y tienes que cargarlo”.


 

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¿El lugar en el que está situado esta planta tiene algún impacto en comunidades o está alejada de ellas?
—Buena pregunta. La planta está ubicada a menos de dos kilómetros de la caleta de pescadores llamada San Marcos, la que depende íntegramente de la pesca marina. Cuando empezamos hace seis años atrás, fuimos a conversar con ellos y les dijimos cuál era el proyecto que teníamos. Naturalmente ellos tenían muchos miedos. Nos decían: “Ustedes tienen la mejor de las intenciones, ¿pero qué pasa si nos destruyen el ecosistema?, nos quedamos sin pega”. Entonces el desafío fue modificar el proyecto para que fuera compatible con ellos. Originalmente este reservorio, que es gigantesco y natural, simplemente lo íbamos a llenar con agua y luego devolverla al mar, pero los pescadores nos dijeron. ¿Qué pasa si hay materiales pesados que contaminarán el agua? Destruirán el ecosistema”. Fue así que pusimos unas membranas y solucionamos ese problema
Es un buen ejemplo para otros proyectos energéticos que han tenido conflictos con las comunidades
—Al final depende del respeto que uno tenga por el resto. Cuando nosotros llegamos a Caleta San Marcos, la caleta en general no tenía derechos de propiedad sobre el terreno. Fue una toma que de a poco se ha ido regularizando. Pero eso no quiere decir que la gente no tenga ningún derecho sobre los terrenos y no quiere decir que no sean dueños de ellos. Si han vivido 30 años allí, son parte del ecosistema. Entonces, lo peor que uno puede hacer y que muchas eléctricas hicieron y siguen haciendo hasta hoy día, es decir: bueno da lo mismo esta gente porque no tiene derechos y no tienen ningún título legal.
Mencionaste en la conferencia que está la aspiración de Chile sea un productor de nergía a nivel sudamericano e incluo a nivel mundial. ¿Qué nos falta como país para cumplir esa aspiración?
—Se requieren algunas definiciones públicas. El gran problema que tenemos hoy día, es que la demanda eléctrica en Chile está creciendo muy lento porque la economía está creciendo muy poco. Y por eso el cobre está muy bajo. Cuando uno tiene la demanda plana y ya existen centrales que están generando electricidad, terminas peleando contra centrales a carbón que tienen treinta años. Una central que lleva treinta años no paga nada porque la pagaron hace veinte años. Competir con ellos es injusto y difícil. Por eso creo que es importante que el gobierno, así como se puso la meta de tner un 20% de ERNC para el 2025 —que en su momento fue notable—, hoy es una meta que se volvió irrelevante, porque el costo de energía solar ha bajado mucho más de lo que se esperaba. Entonces hay que ponerse más agresivo con una meta más significativa. Entonces empezarán las aspiraciones en el resto de Sudamérica.

“En Chile hay centrales a carbón que tienen 60 años. Esas centrales no deberían estar operando, son muy contaminantes”


 

¿Esa política pública tiene que ver con dejar obsoletas las generadoras eléctricas más contaminantes? 
—Debería ser. Esto siempre es un poco controversial pero hay centrales a carbón que tienen 60 años aquí en Chile, que son tecnologías muy antiguas y muy contaminantes. Esas centrales no deberían estar operando en Chile. Lo que debería hacer el gobierno es lo mismo que hace con el parque automotriz, es decir: si tu auto es de los años 70 y no pasaste la revisión de gases, lo lamento pero ya no puedes utilizar ese auto, ya no sirve.
¿Tienes confianza respecto a la creación del nuevo ministerio de Ciencia y Tecnología? 
—Creo que sí, en la medida que ese ministerio pueda cubrir una tarea en la que estamos cojos. Y es que en Chile hacemos buena ciencia, ciencia de calidad, pero ciencia abstracta de calidad. El problema es ese: no hemos sido capaces de tomar esa teoría y transformarlo en algo que la gente ocupe. En Silicon Valley son muy buenos en tomar el paper de un tipo que acaba de mostrar un algoritmo de telecomunicaciones -por ejemplo- y transformar ese paper en una nueva tecnología que luego genera un montón de empleo y un montón de otras cosas. Eso es lo que nos falta.

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