La Reserva Mundial de Semillas ubicada en el archipiélago noruego de Svalbard, en el Ártico, también conocida como “Bóveda del Fin del Mundo”, cumplió 10 años de existencia. Por lo general, permanece cerrada al público y abre sus puertas unas pocas veces al año para recibir nuevos depósitos. INIA se hizo presente en la ceremonia de aniversario de esta Reserva, con un aporte en semillas de 102 variedades de trigo de Chile.


SVALBARD, NORUEGA. 27 de febrero de 2018.– En el marco de la celebración de los 10 años de la Reserva Mundial de Semillas de Svalbard, Noruega (paralelo 78° de Latitud Norte), el Subdirector Nacional de I+D de INIA, Iván Matus, y el Coordinador de los Programas Nacionales de Recursos Genéticos y de Cultivos de esta misma institución, Fernando Ortega, depositaron semillas de 102 variedades de trigo, generadas y liberadas por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), entre 1964 y 2017.

INIA fue el único instituto latinoamericano en su tipo en participar de esta ceremonia, a la que asistieron representantes de 23 bancos de semillas que aportaron más de 70.000 nuevas muestras de cultivos desde países tan diversos como Costa Rica, Kenia, Alemania y Filipinas.

La reconocida Bóveda Mundial de Semillas es una especie de búnker de hormigón, creado y financiado por la organización internacional CropTrust, para salvaguardar la biodiversidad de las especies de cultivos que sirven como alimento en caso de una catástrofe mundial. Enclavado en las montañas congeladas de la isla de Spitsbergen, en el archipiélago noruego de Svalbard, y cerca de su capital, Longyearbyen (cerca del Ártico), es impermeable a la actividad volcánica, los terremotos, la radiación y la crecida del nivel del mar, y en caso de fallo eléctrico, el permafrost (capa de hielo permanentemente congelada del exterior) actuará como refrigerante natural.

INIA fue el único instituto latinoamericano en su tipo en participar de esta ceremonia, a la que asistieron representantes de 23 bancos de semillas que aportaron más de 70.000 nuevas muestras de cultivos desde países tan diversos como Costa Rica, Kenia, Alemania y Filipinas.

“Se trata de conservar semillas para las futuras generaciones, porque la diversidad genética es la base para seguir alimentando a la población, que en el 2050 se proyecta aumentará en un 34% alcanzando los 9 mil millones de personas”, señala Iván Matus, agregando que éste es el segundo aporte en semillas realizado por INIA a la Reserva, conocida también como la “Bóveda del Fin del Mundo”; una verdadera Arca de Noé.

Al interior de la Reserva, un túnel de 140 metros se abre paso en el permafrost. “En total, hay seis puertas antes de llegar donde están las semillas a una temperatura de menos 18 grados, y que hoy ascienden a cerca de un millón de semillas de todo el planeta”, señala Marie Haga, directora ejecutiva de CropTrust.

INIA y los recursos genéticos
INIA es el Curador Nacional de los Recursos Genéticos de Chile, encargado de la conservación y uso sostenible de los mismos. Mantiene en su red de Bancos de Germoplasma la mayor colección de semillas y microorganismos factibles de utilizar en la agricultura del país; contando en la actualidad con más de 60.000 accesiones vegetales y 2.000 de microorganismos endémicos (60% de los cuales tienen potencial como controladores biológicos). En estos últimos años, el Instituto logró ampliar el número de especies nativas conservadas, pasando de 1.000 a 1.250; lo que representa el 25% de la flora nativa nacional que asciende a unas 5.000 especies.
También en el ámbito de los recursos genéticos, INIA ha recuperado productos patrimoniales como el tomate limachino, la frutilla blanca de Nahuelbuta, el tumbo y el locoto, entre otros. Asimismo, el Instituto ha continuado desarrollando nuevas variedades de alimentos chilenos, a través de sus 19 programas de mejoramiento genético.

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