Una serie de avistamientos en los cielos de Arica, en 1997, hizo que se creara un organismo oficial, dependiente de la DGAC, para estudiar los fenómenos aéreos anómalos, objetos o materia que puede poner en riesgo la seguridad de las operaciones aéreas. Aunque se desmarcan de la ufología, un 5% de los casos que reciben no tiene explicación alguna, lo que da para todo tipo de teorías.

 

Hugo Camus (historiador, periodista), recuerda la primera y única vez que vio un objeto volador no identificado en los cielos de Santiago. “Yo estaba en el segundo piso de mi casa, mirando por la ventana que daba a la Cordillera de Los Andes. Eran las 8 de la noche, de un verano muy caluroso, me acuerdo perfecto”, dice. Había recién egresado de periodismo de la Universidad Católica. De pronto, mientras hablaba por teléfono con una amiga, “un objeto volador igual al Sputnik apareció flotando sobre los edificios de Santiago, a una velocidad muy lenta, y de pronto sale volando y desaparece, a una velocidad increíble. Fue extraordinario, algo de verdad sorprendente”, dice.

Camus es el director del Comité de Estudios de Fenómenos Aéreos Anómalos (CEFAA), un organismo oficial que depende de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y que nació en 1997 luego de una serie de avistamientos en la ciudad de Arica, durante tres días, con luces en el cielo que nadie nunca pudo comprobar su procedencia. Pero Camus y su equipo no están empeñados en descubrir el origen de estos fenómenos u objetos, si no que asegurar las operaciones aéreas en nuestro territorio. “No somos ufólogos, aunque respeto mucho a algunos. Nosotros no estamos buscando extraterrestres, queremos alertar, generar conciencia y establecer protocolos cuando un avión se enfrenta a alguno de estos fenómenos, para que lo reconozcan, que lo reporten y no pongan en juego la seguridad de la nave”, explica. Y aclara: “nosotros hablamos de fenómenos aéreos, porque además de los objetos, se incluyen luces, gases o plasma. Es una denominación mucho más completa que el OVNI, que solo habla de objetos”.

 

“No somos ufólogos, aunque respeto a muchos de ellos; no estamos buscando extraterrestres. Queremos generar conciencia, establecer protocolos para cuando los pilotos se enfrenten a algún fenómeno aéreo anómalo.”

 

Desde su creación en marzo de 1997, el CEFAA ha investigado 846 casos. De ellos, un 72% terminan siendo explicados. “Lo más común es que sean pájaros, reflejos en el teléfono o insectos. La gente también ve Venus y la Estación Espacial Internacional, que de noche se ve”, dice Camus; un 23% queda pendiente por falta de evidencias y un 5% se cierra como inexplicado, “cuando ya se descartan todas las hipótesis posibles”. Los demás países que estudian estos fenómenos también manejan ese porcentaje para eventos que no pueden explicar.

Cuando el comité recibe un caso -las personas pueden enviar sus registros de manera anónima si así lo quieren-, “empezamos a agotar todos los medios de información. Por ejemplo; le pedimos a meteorología que nos diga cuáles eran las condiciones del clima, a la Armada o Carabineros los llamamos para preguntarles si había aeronaves de ellos volando por esa zona, vemos en qué posición estaban los satélites para descartar esa opción, y así”. La oficina también trabaja con entomólogos y ornitólogos, que los ayudan a investigar si el objeto fue un ave, “cosa que pasa muy seguido”, además de contar con apoyo de astrónomos y exobiólogos cuando ya se trata de elementos que vienen desde fuera del planeta.

 

EL CASO

Antes de la creación del CEFAA, este tipo de investigaciones estuvo a cargo de lo que hoy es la Dirección Meteorológica de Chile, en Quinta Normal. Napoleón Duarte, su primer director, formaba parte de la comunidad científica de la época y se reunía con otros investigadores a analizar las informaciones que se publicaban en las revistas especializadas sobre estos casos, entonces pidió a las 42 estaciones meteorológicas del país que informaran del avistamiento de objetos en el cielo que no fueran aeronaves. Durante esos años recibió más de una veintena de reportes sobre avistamientos.

Hasta que a fines de marzo del 97, una serie de avistamientos en Arica durante tres noches seguidas, dio pie para que se creara un organismo dedicado a investigar este tipo de fenómenos. El caso más emblemático es el de un avión militar que realizaba ejercicios de aproximación. Una luz extraña fue captada por la torre de control y le preguntaron al piloto si había podido verla. Aunque sí la había visto, prefirió no informarla. De pronto vio una luz amarilla muy brillante que destacaba del resto de las luces de la ciudad. La luz comenzó a moverse en forma paralela al avión, apareciendo y desapareciendo, hasta que finalmente se fue.

Casos como ese hay varios, pero tienen mucho cuidado con relacionar los avistamientos con vida extraterrestre. “Si existen, quiero evidencias, que me muestren videos, fotos, lo que sea. No podemos decir que es algo solo por el hecho de no saber lo que es”, dice Camus. De igual forma agrega: “mira cómo son las cosas del tema extraterrestre. Hace 40 años ningún astrónomo se atrevía a hablar de vida extraterrestre, porque ni siquiera se habían descubierto los planetas extrasolares. Hoy se conocen más de 2.600 planetas extrasolares y un gran porcentaje de ellos tiene agua. Marte tiene agua líquida subterránea y es de lo más común hablar de esto”.

El comité va a seguir con su misión de dar charlas en aeropuertos, aeródromos para que pilotos conozcan y sepan cómo actuar ante cada situación, para que estén tranquilos y no se distraigan. “Tenemos muchas ganas de contar lo que sabemos”, cierra.

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