Marisa Polenta
Por Fernando Gallardo, periodista, escritor, conferencista y analista de tendencias en turismo. Crítico de hoteles en el diario El País desde 1987. Creador del concepto de Hoteles con Encanto y fundador de la guía de hoteles online Notodohoteles.com

El confinamiento vivido durante esta pandemia ha permitido a las empresas a nivel global el acceso a unas métricas de productividad que jamás se habrían permitido obtener sin el forzoso parón económico.

Los beneficios no se han hecho esperar: el teletrabajo ha sido más productivo para las empresas y confortable para los empleados. Solo en ahorro de espacio y equipos ofimáticos, mantenimiento, agua, luz, wifi, limpieza y en comedor o vales comida, una empresa media en Europa puede ahorrarse más de 2.000 euros al año por empleado. A su vez, cada teletrabajador genera un día más de valor por semana que el empleado de oficina, pues el tiempo en desplazamientos lo suele dedicar al trabajo.

 

El teletrabajo no significa estar en casa, que eso sería domotrabajo. Teletrabajo es trabajo a distancia.


El aumento del teletrabajo

Según un informe del Banco de España, el 80% de las empresas ha visto aumentado el teletrabajo entre sus plantillas. Si en 2019, el porcentaje de ocupados que trabajaron a distancia fue del 8,3% —lejos del 35% de media que registran países comunitarios como Suecia y los Países Bajos—, es probable que esta cifra haya crecido hasta el 30,6% durante la pandemia del coronavirus, si se toman en consideración las características de cada sector y los puestos de trabajo. Esto es, la tercera parte de los empleos se podría realizar fácilmente desde casa, aunque en determinados sectores, como la agricultura, la construcción y la hostelería difícilmente esta práctica podría ser una alternativa.

El presencialismo ha dejado de ser una religión en gran parte del mundo avanzado, incluso entre los altos directivos. Estos días hemos sido testigos del auge de Zoom, Google Meet, Microsoft Teams y otras plataformas de videoconferencias que han desnudado las casas y puesto de manifiesto, por cierto, lo mucho que van a trabajar a partir de ahora los arquitectos por renovar esas horribles cocinas, esos insulsos salones o los penumbrosos dormitorios que nos han acompañado en todas estas reuniones virtuales. La comodidad del teletrabajo ha prendido entre los directivos y sus empleados, entre los operadores y los intermediarios, entre las profesiones liberales y los asalariados de la mecánica productiva o administrativa.

La hibridación entre el constante movimiento en periodo no vacacional y el presencialismo discontinuo fundamenta la virtud del teletrabajo como motor del desarrollo y factor de desestacionalización turísticos.


El teletrabajo no significa estar en casa

Pero, ¿tendrá vuelta de hoja este mundo cada vez más digital que requiere flexibilidad y poder de adaptación a los nuevos entornos virtuales? Creemos que no, por eficiencia, por productividad, por conciliación doméstica y también por creatividad. Nada resultará más estimulante para la innovación o la disrupción empresarial que un teletrabajador abierto a la globalización, en contacto asiduo con sus pares y en perpetuum mobile. Porque el teletrabajo no significa estar en casa, que eso sería domotrabajo. Teletrabajo es trabajo a distancia. Un desempeño que puede trasladar al operario a cualquier parte del mundo en un viaje de exploración sin duda más cosmopolita y enriquecedor para la empresa que el ejercido por una persona sedentario sin mayor amplitud de miras que las paredes y cristaleras de su oficina.

Esa hibridación entre el constante movimiento en periodo no vacacional y el presencialismo discontinuo fundamenta la virtud del teletrabajo como motor del desarrollo y factor de desestacionalización turísticos. Si el 30,6% de los 240 millones de empleos activos que hay en Europa va a seguir trabajando a distancia, unos 73 millones de trabajadores compaginarán a partir de ahora sus tareas presenciales con esta nueva modalidad laboral. Una hibridación entre la oficina y cualquier otro sitio que permitiría incorporar al mercado turístico extraestacional a esos 36 millones largos de nuevos teletrabajadores antes referidos.

La expresión turística de este nuevo mercado laboral exige la redefinición de ciertos productos y destinos.


Redefinición de productos y destinos

La expresión turística de este nuevo mercado laboral exige la redefinición de ciertos productos y destinos. Una reinvención de productos y destinos turísticos orientada, por un lado, a la modalidad de alquileres de estancia media (uno, dos o cuatro meses) con todos los servicios requeridos por los teletrabajadores y sus familias o colegas de profesión, tanto en el alojamiento como en el destino. Y, por otro lado, la creación de espacios de coworking en los hoteles a donde numerosas empresas podrían trasladar ocasionalmente sus oficinas por uno o dos días a la semana en una estrategia de transformación presencial de sus teleempleados, entusiasmados de hibridar su trabajo a distancia y un nuevo modo experiencial de reunirse periódicamente en la oficina.

Toda crisis genera sus oportunidades, pero solo una gran crisis crea una gran oportunidad. El grupo de trabajo organizado desde la red colaborativa de los valles pirenaicos, con Patricia Sánchez-Bretaño al frente, está ultimando ya el manual de redefinición del teletrabajo y su impacto en la industria turística global, que compartiremos en breve. En dicho informe se demuestra que el turismo, gran damnificado de esta crisis, es el sector que saldrá más reforzado en la pospandemia.

 

 

 

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