Geiser de Puchuldiza

Viajamos a la región de Tarapacá invitados por el Instituto de Patrimonio Turístico de la Universidad Central y nos insertamos en lo más profundo del desierto de Atacama para poder conocer historias humanas pocas veces contadas. Conocimos la frustración y las manos rugosas de un artesano en piedra, quien ve con tristeza cómo desaparece la tradición en su pueblo. También supimos de un hombre que se desvive por el cuidado de un solitario géiser en medio de una zona geotérmica en altura, en lo que es el turismo alternativo en el norte grande de Chile.

 

EL GUARDIÁN DEL GÉISER

No muy lejos de Colchane, hacia el oeste, yace un géiser solitario en medio de una planicie a más de 4 mil 300 metros de altura. Rodeado de un paisaje estremecedor y donde aprieta el aliento, dificultando la respiración. Allí, en clima hostil y en una zona de intensa actividad geotérmica, aparece Felino Mamami (59 años), quien dedica su vida al pastoreo de alpacas y al cuidado del géiser de Puchuldiza, un chorro de agua casi hirviendo que emana desde el suelo y se eleva a más de 10 metros.

Desconocido aún si lo comparamos con los renombrados géiseres del Tatio, el de Puchuldiza se abre poco a poco a recibir visitas. Así nos lo cuenta Felino, nacido y criado en estas tierras y quien se siente agobiado cuando baja del altiplano. Es allí arriba donde se siente libre y cómodo. Actualmente, dos a tres vehículos llegan hasta aquí a diario, y la visita cuesta tan solo mil pesos debido a que se trata de un terreno privado. Vale la pena.

Durante los meses más fríos del invierno, Mamani nos comenta que alrededor de la fumarola se forma una capa de hielo que hace ver aún más hermoso a este géiser solitario.

 

LA SEÑORA CELIA Y LA TORMENTA

La imagen que estamos presenciando es sublime. Estamos en unos pastizales cerca en Pisiga Carpa, a más de 4 mil metros de altura en el Municipio de Colchane. Tenemos la cordillera de fondo con picos nevados, y hacia Bolivia observamos a lo lejos una tormenta eléctrica que desata admiración y temor. Las llamas, que allí pastan, corren hacia un lado y hacia otro y el viento se pone intenso. Es una señal.

Mientras somos testigos de cómo nos habla la madre naturaleza, Celia Challapa (47 años), una mujer aymará nacida en el pueblo de Cotasaya, canta una canción en lengua indígena que relata cómo una mujer recorre cientos de kilómetros por el desierto para saludar a su hermano. Al mismo tiempo trabaja con un telar que representa los colores de un arcoíris. Se trata de una faja para la cintura, según nos relata. “Mi abuelita me enseñó cuando yo tenía 8 años. Ahora, cada vez menos los niños y jóvenes están interesados en aprender a trabajar con la tela”.

La señora Celia nos muestra luego su plantación de quinoa, aunque lamenta que la escasez de lluvia secó los prados. “En Colchane todos somos artesanos, y luchamos día a día para que podamos vender nuestros productos en las grandes ciudades, incluido Santiago”, sostiene.

 

TALLADOS EN PIEDRA, UNA TRADICIÓN EN MAMIÑA

Bajo el calor intenso de Mamiña, descubrimos un taller donde trabaja en solitario un hombre de polera blanca, jeans y un jockey. En sus manos tiene un cincel y en la otra un martillo. Observamos atentos como tala la piedra, en lo que parece ser un diseño de una iglesia. Se trata de Juan Fuentes Guajardo, cantero que ha dedicado más de 25 años a la ornamentación en piedra liparita, de color rosado y de características nobles, antideslizantes y térmicas.

“Actualmente en Mamiña no hay mano de obra para este trabajo, por lo que está desapareciendo, y nos estamos preparando para la última exposición a mediados de este 2018”, asegura. Nos cuenta, con un cierto grado de tristeza, que la gente joven emigra y ya no tiene interés por trabajar la piedra. Hoy, con suerte quedan 12 artesanos dedicados a esta labor.

En el año 1990 se hizo un rescate y se pudo modernizar este arte en piedra, pero casi 30 años más tarde, Juan Fuentes solo trabaja cuando le piden la elaboración de una pieza. En su taller vemos unos hermosos relojes de su creación, momento en el cual la reflexión se enfoca en lo duro y maravilloso de este trabajo que agoniza.

 

MERMELADAS EN EL OASIS

Un emprendimiento que trabaja en conjunto el matrimonio compuesto por Nancy Guzmán y Luis Soto. Ella, a cargo de las mermeladas bajo el nombre de “Tentaciones de Pica”. Él, creador de las cervezas y espumantes “Piqueña”.

En Camino Fiscal s/n, la calle que lleva a la Cocha (las aguas termales en Pica), Nancy y su marido tienen un pequeño local donde es posible comprar sus productos. Mango, maracuyá, guayaba y limón de pica completan el espectro de frutas con las que trabajan licores y mermeladas caseras que no llevan ningún tipo de químico. Damos fe también lo exquisito que es una miel de limón ideal para preparar pisco sour en la casa.

A pesar de lo novedoso del emprendimiento, la señora Nancy nos cuenta que no ha sido fácil comercializar su producción. “Hemos tenido problemas con el despacho, sin embargo, logramos vender en Pica, en Calama y Antofagasta”, relata.

Pueden contactar a Luis Soto al correo [email protected], y a Nancy Guzmán al correo [email protected]

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