La observación de los cielos oscuros se toma las pautas de los medios especializados en turismo. Y la influyente guía de viajes Lonely Planet elaboró su ranking de los lugares más fascinantes del mundo para ver las estrellas, lista en la cual se incluyen dos destinos de Chile: San Pedro de Atacama y Torres del Paine.

El primero de estos no puede sorprender a nadie, pero la inclusión de Torre del Paine resulta una novedad si consideramos que la Patagonia no es un lugar que reúna las condiciones meteorológicas para el turismo astronómico, sin embargo los editores de Lonely Planet alientan a sus lectores a sumar a Torres del Paine a la lista debido principalmente al «formidable telón de fondo que constituyen la paredes de granito», condición que la convierten en un escenario natural para ver la Vía Láctea, las Nubes de Magallanes y el cielo austral, particularmente entre los meses de octubre y abril, con noches oscuras. Sin más, te presentamos el ranking de 20 destinos de Lonely Planet, con nuestros San Pedro de Atacama y Torres del Paine, en primer lugar.

 

San Pedro de Atacama (Chile)

Situada en una meseta árida de las montañas de los Andes, en el noreste de Chile, la pequeña ciudad de San Pedro de Atacama es un destino magnífico para observar las estrellas en medio de un desierto con un horizonte siempre despejado. Es uno de los principales destinos turísticos de aventura y astronomía del país sudamericano. Gracias a su situación ideal, varios observatorios con apoyo internacional se han instalado en esta región conocida como la reserva científica Chajnantor. La elevada altitud y la baja humedad reducen la cantidad de interferencias de señales. Hay pocos telescopios abiertos al público, aunque algunos abren los sábados y domingos por las mañanas y el observatorio Ahlarkapin es una instalación privada gestionada por guías locales con visitas nocturnas. Otra opción son los circuitos de observación de estrellas que operan desde San Pedro de Atacama, acompañados por guías locales, en lugares con poca contaminación lumínica.

 

Torres del Paine (Chile)

Los pilares de granito de las Torres del Paine se alzan casi en vertical sobre la estepa chilena y son una de las joyas naturales de Sudamérica. Se trata de un sobrecogedor territorio de afiladas montañas, valles, glaciares, ríos y lagos al sur de Chile. Debido a su altitud (2.600 metros) y situación geográfica, gozan de un otoño lluvioso y un invierno frío y con probabilidades de nieve, así que lo ideal es visitarlos en la primavera y verano australes, con días más largos, que incluyen varias semanas en las que la noche se mantiene en una luz crepuscular (entre finales noviembre y mediados de enero). Para sacar partido a la limitada oscuridad en los meses en que el cielo es claro, hay que planificar la llegada a este lugar con antelación y observar de madrugada. Pero merece la pena: las Torres del Paine es un formidable telón de fondo natural para ver la Vía Láctea, las Nubes de Magallanes y el cielo austral. La mejor temporada para ver las estrellas es entre octubre y abril, con noches oscuras. En diciembre de 2020 se podrá ver aquí un eclipse de sol, pero de forma parcial.

 

Uluru o Ayers Rock (Australia)

Esta roca roja de tres kilómetros y medio de longitud en mitad del desierto es uno de los monumentos naturales más inconfundibles y venerados de Australia. Ubicado en el llamado outback, el extenso y desconocido corazón del país, este monolito sagrado para los aborígenes queda lejos de cualquier gran urbe —Alice Springs, la más cercana, está a unas cinco horas de travesía en coche—, lo que permite contemplar un cielo estrellado magnífico. Visitar de noche Uluru, también conocido como Ayers Rock, es una experiencia única: hay circuitos guiados de astronomía que incluyen una sesión de observación de estrellas. Una pista para los enamorados de los fenómenos astrofísicos, en 2028 se podrá contemplar desde aquí un eclipse solar, aunque no en su totalidad, por lo que se recomienda viajar un poco más al noreste de Australia donde si se verá completo.

 

Salar de Uyuni (Bolivia)

En lo alto de las montañas, cerca de las cumbres andinas de Bolivia, varios lagos prehistóricos forman el salar de Uyuni, las salinas más grandes del mundo, y, debido a su espectacularidad, también una de las imágenes más populares y recurrentes en las cuentas viajeras de Instagram. Cada vez hay más oportunidades para recorrer este salar de noche y disfrutar de su cielo estrellado y su amplio horizonte. Al tratarse de una zona prácticamente sin urbanizar, los cielos son realmente oscuros. Y la planicie propia de las salinas hace que la luz en ellas viaje lejos, por lo que, una vez se llega al punto de observación, hay que dar tiempo a los ojos para que se adapten. Hay operadores que ofrecen itinerarios especializados en la observación de las estrellas, con circuitos de entre dos y seis horas que combinan la contemplación del amanecer o el anochecer con una sesión de observación de estrellas. Se pueden descubrir lluvias de estrellas, planetas, la Vía Láctea y las Nubes de Magallanes, las dos galaxias enanas que hasta hace bien poco se pensaba que orbitaban en torno a la nuestra.

 

Parque Nacional Lençois Maranhenses (Brasil)

Este espacio natural es un mar de arena en la costa nororiental de Brasil y uno de los parques nacionales más llamativos del país. Sus más de 1.500 kilómetros cuadrados de dunas recuerdan a un enorme páramo, aunque reciben casi cinco veces más lluvia que un desierto corriente. Debido a su danza anual de viento, agua y arena, el parque no está muy urbanizado, y esto ha contribuido a conservar intacto su cielo nocturno y facilitar la observación de estrellas. El parque está a solo dos grados y medio al sur de la línea del ecuador, por lo que la visión del cielo nocturno incluye tanto las constelaciones del hemisferio sur como las del norte.

 

Parque Nacional de Jasper (Canadá)

La International Dark-Sky Association o Asociación Internacional de Cielo Oscuro (IDA, en sus siglas en inglés) establece normas para conservar y proteger los sitios oscuros a través de políticas de iluminación responsables. Y, en paralelo, algunos países aplican sus propios parámetros de conservación. Canadá es uno de ellos, y el parque nacional de Jasper, una de sus 10 reservas para tal fin. Situado en las Montañas Rocosas, es famoso por sus lagos alpinos y las espectaculares puestas de sol, pero también atrae cada vez más a los astroturistas ávidos de captar postales del universo tras un día de aventuras al aire libre. La escasa contaminación lumínica, garantizada por su estatus como reserva de cielo oscuro, permite ver con claridad las estrellas, la Vía Láctea e incluso la aurora boreal en los oscuros meses de invierno. Cada año, en octubre, se celebra el Jasper Night Sky Festival, uno de los mayores de su clase en el mundo, aunque en Canadá hay muchos otros eventos de este tipo. Congrega a ponentes, astrónomos y al público en general que disfruta cada noche aprendiendo más sobre el cielo. Todo ello aderezado con eventos gastronómicos, música sinfónica y sesiones de astrofotografía.

 

Parque Nacional del Hortobágy (Hungría)

Cada vez hay más países que se enorgullecen de sus parajes con cielos oscuros, como Hungría, donde hay ya tres zonas certificadas, entre ellas el parque nacional del Hortobágy, al este del país. Sus amplios pantanales y praderas son zonas ideales para ver las estrellas. Un paisaje llano y la relativa ausencia de árboles garantizan una vista casi ininterrumpida del cielo. Constituido como el primer parque nacional del país, el Hortobágy reserva desde 2011 una parte de su superficie para la contemplación del cielo oscuro. Entre las muchas medidas adoptadas se ha hecho lo posible por actualizar la iluminación de las poblaciones cercanas para dismunir su impacto. Además, el parque es hogar de una interesante fauna, como lobos, caballos salvajes y chacales, y también es una habitual parada de las aves migratorias. De noche, el parque ofrece varias actividades astronómicas, que incluyen caminatas, charlas sobre astronomía y el Fecskeház Youth Hostel and Field Study Centre, un albergue y centro de estudios que incluye un observatorio y un programa de observaciones guiadas en noches despejadas.

 

El cielo estrellado de Zselic (Hungría)

A dos horas de Budapest, hacia la frontera con Croacia, el parque estrellado Zselic es uno de los mejores de Europa Oriental para ver estrellas. Fue una de las primeras áreas de cielo oscuro del continente (desde 2009) y ofrece unos magníficos cielos nocturnos vírgenes. Además de un observatorio con telescopios, tiene un planetario para todas las edades, una exposición sobre astronomía y naturaleza, una colección de meteoritos y un mirador de cinco plantas para acercarse aún más a las estrellas. Los fines de semana hay programas de observación nocturna. Zselic, además, brinda la oportunidad de ver el fenómeno de la luz zodiacal, una luz tenue y alargada que se cree es el reflejo de la luz solar en las partículas de hielo y polvo en el plano del sistema solar, y que casi siempre se ve en primavera y verano.

 

Glaciar de Jökulsárlón (Islandia)

Uno de los sitios más extraordinarios, de la ya por sí extraordinaria Islandia, es el lago glaciar de Jökulsárlón, en el sureste de la isla, entre la punta del casquete de hielo y la costa atlántica. Este amplio lago formado por un retroceso del glaciar tiene muy fácil acceso desde la carretera de circunvalación que recorre la isla. De día se pueden explorar unas impresionantes cuevas de hielo, contemplar el poder de los glaciares o hacer circuitos en barco. Por la noche se puede disfrutar de la observación de estrellas. Pero aquí lo que resulta extraordinario es la contemplación de la aurora boreal. Y cuando no se ve lo compensa la visión de la Vía Láctea, meteoritos y planetas- Además, y al igual que en otros parajes de cielos oscuros situados cerca del agua, en las condiciones adecuadas se puede ver el reflejo de los astros entre los icebergs de la laguna glaciar. El eclipse solar total de 2026 se verá desde Islandia.

 

Monte Bromo (Indonesia)

Este monte, situado en el corazón de Java Oriental, es uno de los mayores atractivos de Indonesia. Los viajeros acuden a escalar en los alrededores de este volcán activo para ver el amanecer, un espectacular despliegue de colores en el cielo matinal, y también para explorar la caldera circundante y otros volcanes activos. El monte Bromo, de 2.329 metros de altitud, forma parte del parque nacional de Bromo Tengger Semeru, que ocupa 777 kilómetros cuadrados y alberga cinco volcanes y el conocido como mar de arena de Tengger, un ecosistema desértico único en estas latitudes. De día se puede hacer excursionismo en el parque o contratar un circuito guiado en todoterreno para ver esos accidentes geológicos tan inusuales. Por la noche es el momento del astroturismo. A medida que aumentan los astrónomos que acuden a observar y los astrofotógrafos a fotografiar la Vía Láctea, la galaxia de Andrómeda y las Nubes de Magallanes, el Bromo va adquiriendo una discreta fama como destino para ver estrellas en Indonesia. En este lugar uno se encuentra a menos de diez grados al sur del ecuador, por lo que el monte y sus alrededores también son un buen destino para ver el cielo nocturno austral y lluvias de meteoros como las Táuridas australes.

 

Reserva de Cielo Oscuro de Kerry (Irlanda)

Una reserva de cielo oscuro es una zona de cielos nocturnos rodeada por poblaciones que reducen la contaminación lumínica para protegerla. En Irlanda encontramos una de estas zonas designadas por la International Dark-Sky Association en el condado de Kerry, en la provincia de Munster (al suroeste del país). Quienes visiten el Anillo de Kerry, la ruta costera más larga del Atlántico, en busca de castillos espectaculares y misteriosos círculos de piedra tal vez ni sepan que están al lado de un paraje de cielo oscuro de primer nivel. La reserva ocupa 699 kilómetros cuadrados e incluye varias localidades pequeñas, por lo que la contaminacion lumínica es escasa. De noche, hasta los astrónomos más curtidos se las ven para diferenciar las constelaciones entre tanta estrella en su firmamento. El parque cuenta con un servicio de guías especializados en observaciones nocturna. Los mejores meses para gozar de cielos despejados van de julio a septiembre.

 

Makhtesh Ramon (Israel)

Aunque reciba la denominación de cráter, el Makhtesh Ramon, en medio del desierto del Negev, realmente no lo es. No lo creó el impacto de un meteorito ni una erupción volcánica, sino la erosión a lo largo de millones de años. Está en una zona poco poblada al sur de Israel y por tanto ofrece excelentes oportunidades de ver estrellas gracias a su escasa contaminación lumínica, a lo que contribuye mucho el clima desértico que protege el cielo nocturno. En el 2017 fue designado parque de cielo oscuro, el primero de este tipo en Oriente Próximo. El Makhtesh Ramon también es un lugar maravilloso para ver la fauna y flora únicas de la región, desde zorros, gacelas y leopardos hasta caballos salvajes. También hay visitas guiadas del cielo nocturno con varios operadores de Mitzpe Ramon.

 

Parque Nacional de Iriomote-Ishigaki (Japón)

En la prefectura de Okinawa, la más meridional de Japón, en el mar de la China Oriental, se encuentra el archipiélago Yaeyama, con las islas de Iriomote, Ishigaki, Kohama, Kuro y Taketomi, que integran el parque nacional de Iriomote-Ishigaki. En 2018 se designó como primer parque de cielo oscuro del país, por su situación remota y su escasa urbanización. Es la última frontera de Japón cubierta por densas junglas y manglares y rodeada por algunos de los arrecifes coralinos más bellos del país, donde solo se llega en avión y ferri. Como parte del esfuerzo por recibir la certificación de parque oscuro, la zona desarrolló un plan para actualizar y reducir la contaminación lumínica que ha convertido este lugar privilegiado en un destino de astroturismo. Aquí se pueden también visitar las instalaciones de lanzamiento espacial del país, el Tanegashima Space Center y el Uchinoura Space Center, que abren al público cuando no hay programado ningún lanzamiento.

 

Erg Chebbi (Marruecos)

Si se quiere visitar el norte de África y se busca un buen cielo nocturno, Marruecos puede ser el destino ideal. Aparte de ver sus principales paisajes y ciudades, los viajeros pueden contemplar las estrellas en un itinerario desde las principales ciudades costeras al árido paisaje presahariano. Erg Chebbi y su poblado central en Merzouga son uno de los mejores rincones para tener una vista despejada en todas las direcciones y para ver la Vía Láctea. Pero además es un lugar espléndido para dar una vuelta en camello y descubrir la vida tradicional del desierto. Hay excursiones especiales de observación de estrellas, con alojamiento en un campamento en el desierto. En Marruecos está también el Morocco Oukaïmeden Sky Survey (MOSS), en el Alto Atlas.

 

Reserva de Cielo Oscuro Aoraki Mackenzie (Nueva Zelanda)

Nueva Zelanda lleva mucho tiempo siendo un paraíso para astrónomos, y cada vez atrae a más astroturistas. Esta reserva, situada en el corazón de la Isla Sur, es uno de los mejores lugares del país para ver el cielo de noche. La integran el parque nacional Aoraki / Monte Cook y la cuenca del Mackenzie. En 2012 recibió el certificado de reserva de cielo oscuro. Los visitantes se reúnen en el Observatorio del Mount John para ver estrellas, y en las noches despejadas de invierno a veces se aprecia la aurora. El observatorio ofrece circuitos para ver el cielo nocturno y admirarlo a través de uno de sus muchos telescopios, entre ellos uno de 1,8 metros para investigación académica en colaboración con Japón y uno exclusivo para uso turístico.

 

Albanyà (España)

Cerca de la frontera con Francia, en la comarca gerundense del Alto Ampurdán, este pueblo catalán no suele figurar en los itinerarios turísticos. Sin embargo, es de visita obligada para los astroturistas, pues es el primer paraje con designación de cielo oscuro de España, certificado tanto por la Starlight Foundation como por la International Dark-Sky Association. Aquí encontraremos uno de los cielos más estrellados y libres de contaminación lumínica de Cataluña. Ahora, el astroturismo es uno de los principales reclamos del pueblo. El Observatorio de Albanyà, abrió en el 2017 con un telescopio de 40 centímetros, que es otro imán para los amantes del cielo nocturno. También se pueden contemplar las estrellas por cuenta propia en lugares como El Casalot y El Pla de la Batería, abiertos al público pero sin actividades específicas. La ventaja es que hay menos gente y los astrofotógrafos captan imágenes únicas.

 

Cosmic Campground (Estados Unidos)

Este camping cósmico es uno de los lugares más oscuros de Estados Unidos y uno de los pocos sitios del mundo certificados como “santuarios” de cielo oscuro. Todos están en rincones remotos (el otro en este país es el monumento nacional Rainbow Bridge, en Utah). Es un parque pequeño, con apenas 1,4 hectáreas de extensión (14.000 metros cuadrados) de oscuridad nocturna inmaculada en pleno corazón de las zonas protegidas de Gila Wilderness y Blue Range Wilderness, en el oeste de Nuevo México. Es mucho menos conocido que otros parques de este Estado sureño, como el monumento nacional White Sands o el parque nacional de las Cavernas de Carlsbad, pero es un lugar de peregrinación de astroturistas. La fuente de luz artificial relevante más cercana está a más de 64 kilómetros, en Arizona, por lo que hay pocos sitios más oscuros en todo el país. Solo hay infraestructura muy básica de camping (retretes de hoyo y nada de conexiones eléctricas) y el viajero debe llevarse un telescopio e instalarlo en una de las parcelas de observación designadas fuera de la zona de acampada, donde se disfrutará de un cielo nocturno ininterrumpido.

 

Parque Internacional de Cielo Oscuro de Northumberland (Inglaterra)

Pegada al Muro de Adriano y a la frontera entre Inglaterra y Escocia se encuentra la mayor área protegida de cielos oscuros de Europa: el parque internacional de Cielo Oscuro de Northumberland. Constituido en 2013, es uno de los mejores lugares del Reino Unido para ese propósito. En él se pueden explorar de día y de noche 1.593 kilómetros cuadrados de naturaleza, que comprenden tanto el parque nacional de Northumberland como el contiguo Kielder Water & Forest Park. El de Northumberland fue el primero de su índole en combinar dos parques bajo una sola certificación de cielo oscuro. Se puede llegar desde Edimburgo, Newcastle y Carlisle. Como complemento, en Edimburgo se puede visitar el Observatorio Kielder y asistir a una de sus conferencias sobre astronomía o sus eventos en torno al cielo nocturno.

 

Observatorio del Teide (Canarias)

Los turistas suelen viajar a Tenerife —y a las islas Canarias— en busca de sol. Es menos conocida su faceta como uno de los mejores lugares del mundo para observar y estudiar el cielo, gracias a su posición geográfica y sus condiciones astronómicas (similares a las de Hawái y Chile). Los cielos oscuros sobre el Teide (3.718 metros de altitud) son ideales para observar las estrellas por cuenta propia y ver 83 de las 88 constelaciones reconocidas, pero la joya del lugar para los aficionados y profesionales de la observación astronómica es el Observatorio del Teide, a poca distancia del volcán, en la cumbre de Izaña. Operado por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), tiene telescopios nocturnos, radiotelescopios y uno de los telescopios solares más grandes del mundo. Para visitarlo hay que reservar con antelación una visita guiada a través del principal operador turístico, Volcano Teide Experience; no se puede recorrer sin guía. Para los astrónomos amateurs que deseen demostrar sus teorías astronómicas específicas a través de la observación, este es uno de los pocos observatorios donde se puede solicitar acceso a un telescopio profesional. La Palma es otro destino canario para astroturistas entusiastas. En la isla se ubica el Observatorio Roque de los Muchachos, donde se trasladó el telescopio Isaac Newton desde el Real Observatorio de Greenwich en 1984. Cuenta con 12 telescopios.

 

Auroras boreales en Groenlandia

De todos los territorios nórdicos donde se puede contemplar la aurora boreal, Groenlandia es uno de los menos visitados. La escasa infraestructura tiene la culpa de la relativa escasez de turismo en esta inmensa porción insular de nieve. La misma capital, Nuuk, con solo 17.000 habitantes, permite ver la aurora, aunque lo mejor es viajar 300 kilómetros rumbo al norte hasta Kangerlussuaq, la ciudad de la aurora ártica de Groenlandia. Está en medio de un fiordo al oeste de la gran isla. Y es también el único lugar de donde sale la carretera al manto de hielo de Groenlandia, la inmensa formación de agua congelada que cubre gran parte del territorio. Otro lugar para contemplar auroras es Ilulissat, en la costa occidental, 250 kilómetros al norte del Círculo Polar, con su fiordo helado que es patrimonio mundial de la Unesco. Para los astrofotógrafos es todo un desafío retratar la aurora junto a los gigantescos icebergs que flotan en la bahía de Disko.

 

 

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