Lago Budi

Viajamos a lo profundo de la Araucanía en una ruta diseñada por el Instituto de Patrimonio Turístico de la Universidad Central con apoyo de Corfo, donde conocimos familias de pueblos originarios que nos abrieron las puertas de sus casas y nos mostraron su hospitalidad. Conocimos dos rucas en donde los turistas pueden alojar, comer y aprender de la cultura mapuche. También conversamos con un hombre conectado con la tierra, el mar y las aves, que nos enseñó un poco sobre la cosmovisión del pueblo mapuche.

 

LA RUCA DE LA SEÑORA SANDRA

En pleno patio de su casa en la localidad de Lumaco, Eusebio Tranamil y su esposa Sandra Rain, construyeron su propia ruca. A la usanza de antaño, la construcción está hecha en base a madera de pino y paja. Una representación exacta de las antiguas viviendas mapuches y que hoy por hoy es tan difícil de encontrar. Adentro, la dueña de casa que está vestida con un traje tradicional mapuche, nos acoge con una pequeña fogata en donde se cocinan sopaipillas que emana ese aroma a fuego y humo tan característico del sur.

La anfitriona nos ofrece sopaipillas a todos, mientras cuenta que también suele preparar café y tortillas para sus invitados. Cada vez más, son turistas santiaguinos los que llegan hasta el hogar del matrimonio Tranamil-Rain para conocer de cerca la cultura, la gastronomía y la hospitalidad mapuche. Para Sandra, “queremos estar abiertos a los huincas -todo chileno que no pertenezca a la etnia mapuche- para que vengan, se queden con nosotros y compartan dentro de la ruca. Les enseñamos a preparan comidas y que tengamos un rico intercambio de culturas”.

Eusebio, en tanto, ha dedicado los últimos años de su vida a la construcción a pedido de nuevas rucas. No es tarea sencilla: por cada una demora aproximadamente 3 meses, en los que se trabaja tres días por semana y entre cuatro personas. El sueño de ambos -cuentan- es que sus hijos continúen con tan ardua tradición, y poder finalmente contar con una ruca con todas las comodidades de alojamiento.

Para quienes quieran visitar la ruca, pueden contactarlos al número celular 63229250.

LA RUTA FLUVIAL DEL RÍO QUEULE

En el embarcadero de Queule, una caleta de pescadores al sur poniente de la Araucanía, abordamos una lancha con capacidad para 12 personas. Al mando va Victoria Benavente, una microempresaria que hace 27 años se dedica a conducir esta pequeña embarcación de fibra de vidrio para turistas. Es la ruta fluvial Lafquenche, la cual va en busca de la conectividad en la zona y el turismo de naturaleza.

El viento golpea su cabello de Victoria a medida que acelera motores mientras navegamos el río Queule hacia el norte, en lo que es una rica zona de humedales llamada Cayulfe.

Victoria se emociona al relatar su vida en esta zona de Chile. Le caen algunas lágrimas antes de contar que ofrece paseos de un día completo a los turistas, que incluyen desayuno, almuerzo, y navegación. Luego, cuenta la anécdota de cómo se inició en este rubro, logrando algunas sonrisas: “Fue por culpa de mi esposo, un fumador empedernido. Vivíamos en El Faro, un lugar hermoso de Queule al cual se llegaba y se salía en lancha. Un día vinieron a visitarme unas amigas, pero no tenía cómo ir a buscarlas, hasta que le pedí a mi esposo que me pasara la lancha para buscar a mis visitas, a algunos turistas, y para comprarle cigarrillos. Aceptó, pero lo pensó bastante porque cuidaba más al bote que a su esposa”.

Ahora nos dirigimos hacia La Victoria, un emprendimiento de ecoturismo mapuche que forma parte de una red de emprendedores junto a Victoria Benavente y a Praxedes Zapata, dueña de Cabañas Peumayén y microempresaria en el rubro de las artesanías y las mermeladas. Las tres se unieron para promover el desarrollo turístico y cultural del borde costero de la Araucanía.

Tras media hora, llegamos al muelle de la Comunidad Tomás Ñancuán, en el sector de Cayulfe en la comuna de Toltén. Allí nos recibe María Victoria Ñancuán, quien nos enseña algunas actividades de campo y nos invita a conocer la ruca. Dentro se preparan tortillas de rescoldo y café de trigo, el cual se muele sobre una piedra al igual que en tiempos pasados.

Un rayo de sol entra por el techo de la ruca iluminando su decoración interior, al mismo tiempo que María Victoria nos muestra diversos recursos del mar como algas y moluscos, que pronto serán cocinados. Su emprendimiento nace el 2008, y actualmente invita a colegios, universidades y a todo turista que quiera venir a visitar, comer y alojarse en este lugar tan único y rico en cultura, en lo que es “una experiencia viva”.

El alojamiento vale 10 mil pesos, y 5 mil para quienes solo quieran venir a aprender a cocinar y a comer.

 

EL HOMBRE PÁJARO

A tan solo unos pasos del mar en Puerto Saavedra -cercano al lago Budi- hallamos un gran letrero de madera en donde se lee: “Pullumapu Kimun Lueftuy, renacimiento de la sabiduría ancestral”. Allí nos recibe un hombre ya mayor, muy risueño y acogedor, de nombre Lorenzo Aillapán, el “hombre pájaro”. Un verdadero personaje de esta localidad, artista múltiple, contador, escritor y poeta, que es capaz de imitar e interpretar los sonidos de algunas aves.

Actualmente ha escrito 6 libros, con los cuales quiere hacer una antología con el apoyo de una editorial.

Primero nos regala una imitación de un queltehue, antes de referirse a la onomatopeya y al hecho de que los pájaros no cantan por cantar, sino que envían mensajes y tienen un poder muy inmenso. Lorenzo tiene este don desde los 9 años, época en la cual se dio cuenta del poder del océano: “el mar (lafquén) nos da el refrigerio y el color de la cara. Cuando comemos mariscos somos más longevos, y no existiríamos sin el mar. Somos también la tierra misma”.

Lorenzo finalmente nos regala algo de música mapuche con su kultrún y una trutruca. Pero más que eso, sin dudas que el Hombre Pájaro nos regala un invaluable y pequeño conocimiento de la sabiduría que le ha otorgado la vida y la cosmovisión mapuche. Un tesoro que todo chileno debiese conocer.

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