turismofobia

Frases pintadas en las calles como “Los turistas son los verdaderos terroristas”, “Gaudí te odia” o “Tu viaje de lujo hace mi día una miseria”, dan cuenta del descontento que sufren los locales ante la llegada masiva de turistas cada temporada. Si bien es cierto que el turismo representa un hecho positivo, pues fomenta el desarrollo económico y cultural de cada país, también hay una parte negativa, que es cuando hordas de turistas llegan en exceso: los lugares tradicionales colapsan, se deterioran y los servicios no dan abasto. Nace entonces el concepto de «turismofobia».

La turismofobia, explicada en su concepto, es una apatía o rechazo social que sienten los ciudadanos locales de una zona hacia los turistas. Algunos de los factores que arguyen los residentes es el aumento en los costos de vida, la falta de tranquilidad, sitios turísticos atestados, aculturación -recepción de otra cultura en desmedro de la propia-, degradación del ecosistema, la destrucción de la flora y fauna y el exceso de ruido, entre otras cosas.

Según el investigador George Doxey, un destino turístico atraviesa por cinco etapas: euforia, apatía, molestia, antagonismo y rendición. El estudio, de 1975, explica que en un principio los turistas son bien recibidos, que incluso representan una novedad (euforia), hasta que comienzan a ser tan comunes que hay cierta apatía hacia ellos, lo que redunda en molestia por el agobio que representan para la ciudad. Las últimas dos etapas (antagonismo y rendición) forman parte del fenómeno turismofobia, donde se experimenta un rechazo hacia las consecuencias del exceso de visitantes.

En España, por ejemplo, han tomado medidas como potenciar otras ciudades de Cataluña para descongestionar Barcelona, o campañas que educan a los turistas sobre el rol que juegan en la ciudad que visitan

Esta situación es la que se ha vivido durante los últimos años en grandes ciudades europeas, como Barcelona, Venecia, Roma o Ámsterdam, donde ya se toman medidas para paliar esta situación, como potenciar las ciudades vecinas, campañas de educación al turista, etc.

Diego Lorca, ejecutivo del departamento de Emisión Centralizada de la agencia de viajes Turavión, vivió tres años en Ámsterdam y reflexiona. “Sentía que estaba en un evento internacional constantemente, ya no me sentía a gusto con mi calidad de vida. Lo más incómodo, es que notas que todo está hecho para un determinado tipo de turista, que por lo general es joven y fiestero. Entonces el alcohol y las drogas, lamentablemente, juegan un papel más importante en su vida que la ciudad visitada en sí misma”.

¿Qué pasa con Chile?

Si bien en nuestro país aún no se ha presenciado la existencia del fenómeno, hay ciudades que colapsan durante las vacaciones de verano, como Viña del Mar y San Pedro de Atacama. Sin embargo, Lorca sostiene que “es complicado que se genere en nuestro país, ya que los lugares donde llegan muchos turistas, gran parte de ellos también son chilenos”.

Aun así, comunidades indígenas, Sernatur y la Fundación de Cultura y Turismo de la Municipalidad de San Pedro de Atacama están elaborando un Plan de Turismo Comunal (Pladetur). Uno de los aspectos que espera cuidar esta iniciativa es la fragilidad medioambiental de la zona, como la debilidad de los servicios básicos (agua potable, alcantarillado y energía eléctrica). “Algunos sitios están tomando resguardos, y adelantando con el proyecto de las capacidades de cargas de entrar a normar porque es un tema muy complejo, ya que tiene que ver mucho con la parte no formal de los que ejercen la actividad de turismo”, cierra Ana Ramos, presidenta de las comunidades indígenas de San Pedro de Atacama.

 

 

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